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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

19 de octubre de 2017

Ensayo fotográfico

Nietas/os: 40 años de lucha

A pocos días de cumplir 40 años de lucha, las Abuelas de Plaza de Mayo presentan un ensayo fotográfico de Alejandro Reynoso que retrata a 40 nietas y nietos que recuperaron su identidad.
Las fotografías, acompañadas por microrrelatos de María Eugenia Ludueña sobre estos jóvenes que hoy saben su verdad y muestran con orgullo la historia que nunca les debieron haber robado. La muestra se inaugurará el jueves 19 de octubre a las 15.30 hs en la Casa por la Identidad de las Abuelas en la ex ESMA (Av. Del Libertador 8151). 

Por Alejandro Reynoso

La muestra tiene como intención que al mirar a los ojos de cada persona retratada, digamos “es ella”; luego de transitar un camino dificultoso pero el único posible para llegar a la libertad. Tiene como un sueño el anhelo de representar a la verdadera persona.

Son 39 vidas, muy distintas entre sí: cada mirada se encarna a sí misma en su autenticidad, ya sin el ocultamiento del delito, ajeno, gravísimo y continuo al que estaban atados.

Se trata de un conjunto de retratos sencillos, despojados de esteticismos, de Nietas y Nietos que restituyeron su identidad, que les había sido robada durante el Terrorismo de Estado en la década del 70.

Esto fue posible gracias al enorme trabajo colectivo de un conjunto de organismos liderados y gestados por la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo para recobrar la historia de cada Nieta y cada Nieto.

Al nacer, o en sus primeros años de vida, han sido víctima del terrorismo de Estado en una de sus expresiones más condenable, el falseamiento de su identidad. Su ser en el mundo, no físico sino el tramado de afectos, el universo social y comunitario, el conjunto de representaciones y significados les fueron sustraídos en nombre de supuestos valores auténticos y superiores.

Esta horrible paradoja nos tiene que interpelar en el corazón mismo de nuestras creencias: ¿en qué conjunto de certezas y argumentos somos capaces de creer? Nadie nace odiando, se aprende. También lo contrario, y solo perdura el amor.

Como es sabido, Abuelas denunció en la Justicia más de 500 casos de la práctica sistemática de robos de bebés. 121 ya están resueltos.

380 personas siguen siendo buscadas, en Democracia y con Justicia, por sus familiares y Abuelas.

“Nietas/os” - Revista Haroldo

Por Manuel Goncalves

Recorrer la muestra de Alejandro Reynoso nos hace buscar en esos retratos las historias que cada uno de ellos representan. No es sólo el parecido físico o los gestos que en ellos se ven , respecto de nuestras familias, es la maravillosa prueba de que hoy sabemos quiénes somos y es por eso que podemos mirar de frente a la cámara. Si no hubiésemos restituido nuestra verdadera identidad no estaríamos en esta muestra. Por eso es importante saber que aún faltan muchos como nosotros que no pueden mirar a cámara. Cada uno de estos retratos es posible porque sabemos nuestra verdad, pudimos elegir y demuestran que las Abuelas de Plaza de Mayo ya no están solas, las acompañamos sus nietos y nietas que también buscamos a los que aun viven en la mentira.

Somos nosotros y somos ellos, nuestros padres y madres, nacimos del amor y la lucha por un Mundo mejor. Nos parieron en centros clandestinos o en lugares que aún desconocemos, nos dieron la vida y también la salvaron protegiéndonos hasta el último instante de las suyas. Hoy somos más grandes que ellos y en nuestros rostros podemos fantasear con cómo serían ellos si la dictadura no se hubiese llevado sus vidas.

Hubo un experimento atroz en el que fuimos implantados en otra vida, otra familia, otro nombre, todo mentira...pero al vernos hoy podemos decir que hubo algo que no pudieron cambiar, nuestra esencia. Por eso nos parecemos a nuestros padres, somos portadores de su sangre, esa que es determinante a la hora de buscar justicia.

Quizás el verdadero amor lo conocimos al saber la verdad, esa que llegó después de años de búsqueda y que vino de la mano de las Abuelas de Plaza de Mayo, hoy nuestras Abuelas. Son ellas las que salieron a gritar por nosotros a luchar contra la impunidad y a demostrar que no había nada ni nadie que pudiera pararlas. Las Abuelas de Plaza de Mayo no sólo buscan a sus nietos, también fueron ellas las que le enseñaron a la sociedad el valor de la verdadera identidad.

Hoy gracias a ellas somos hombres y mujeres que miramos de frente y llevamos con orgullo la historia que nunca nos debieron haber robado. Hoy buscamos que otros también sepan su verdad porque sólo así serán libres.

“Nietas/os” - Revista Haroldo
Laura Fernanda Acosta

Laura Fernanda Acosta

Una familia, los Molinas, busca a una sobrina desaparecida. Una niña de 3 años aparece "perdida", publica el diario La Razón en 1977. Los Molinas la crían creyendo es la nena que buscaban. Hasta que años después surge una aparición: la sobrina de esa familia. Había sido adoptada en Córdoba por allegados a su padre, Paula Molinas. ¿Quién era, entonces, esa chica "perdida"? Los Molinas acuden a Abuelas y en 1996 los análisis genéticos revelan: es Laura Fernanda Acosta.

Laura Fernanda Acosta nació el 15 de septiembre de 1974 en Santa Fe. Fue secuestrada con su madre, María Dolores Vargas, militante del PRT-ERP, entre septiembre y octubre de 1977. Su padre, Lidio Acosta, estuvo detenido desde 1974 hasta 1983. Padre e hija se reencontraron.

José Sabino Abdala

José Sabino Abdala

José Sabino Abdala tenía 20 años y volvía a casa después de unas vacaciones, cuando su apropiadora le contó: había llegado una citación de un juez de Morón. Querían hacerle un análisis de ADN. “Fue hacerlo y saber que soy hijo de Susana y de José". En 1993 conoció a mi familia biológica. "Pero tardé años en aceptar quién era. Una cosa es que te den un resultado y otra hacerse cargo de la historia. A ninguno de nosotros le debe haber sido fácil. Pero en los 90, saber que eras nieto era un poco diferente”.

El 16 de marzo de 1977 Sabino –de dos años y medio- estaba con sus padres y con la beba de 14 meses de unos compañeros de militancia (María Eugenia Gatica), cuando un grupo de policías arrasaron con su casa y con sus vidas. De ahí los trasladaron a la Comisaría 5ta. de La Plata. A los niños los llevaron a la Brigada Femenina y los dieron en adopción. Sabino fue a parar a una familia de San Justo. Le dijeron que sus padres habían fallecido en un accidente.

María Belén Altamiranda Taranto

María Belén Altamiranda Taranto

De chica, la familia que la adoptó de buena fe, le contó que no era su hija biológica. Cuando entró a la facultad, empezó a seguir las noticias sobre los juicios, las luchas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La impactó un documental sobre la búsqueda de Nietos, con las historias de esas hijas e hijos robados y entregados a otras familias. Por su fecha de nacimiento, podía ser una de ellos. A ella la habían entregado a través del Movimiento Familiar Cristiano. Dudó. Se acercó a la Filial Córdoba de Abuelas de Plaza de Mayo. En 2006, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad intervino para ordenar los análisis y la investigación documental.

En junio de 2007, tenía 29 años cuando la llamaron de un juzgado: era hija de Rosa Luján Taranto y Horacio Altamiranda, militantes del PRT-ERP, secuestrados el 13 de mayo de 1977 en Florencio Varela. Su madre, embarazada de siete meses. Fueron vistos en el centro clandestino "El Vesubio". Rosa parió vendada en el Hospital Militar de Campo de Mayo, sin saber si tuvo un bebe o una beba. María Belén pudo abrazarse con su abuela, Irma Rojas, que había denunciado la desaparición de su nuera embarazada en 1982.

Guillermo Amarilla Molfino

Guillermo Amarilla Molfino

Él no sabía que había sido apropiado por un agente de inteligencia, pero había nacido el 17 de mayo de 1980 en el hospital de Campo de Mayo, donde funcionó una maternidad clandestina. Si los datos de su partida de nacimiento eran ciertos, su madre lo había tenido a los 50 años.

Se acercó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) pero en marzo de 2008, su perfil genético no coincidía con el de las familias en el Banco Nacional de Datos Genéticos. No había denuncia del embarazo de su madre, pero en esos tiempos en de conservatorio de música, eligió, sin saberlo, el mismo instrumento que había tocado ella: acordeón de piano.

Al año, una sobreviviente de Campo de Mayo contó que Marcela Molfino había parido a un niño. Un represor la recordó embarazada en aquel centro. El 30 de octubre de 2009, Martín supo: era hijo de Guillermo Amarilla y Marcela Molfino, militantes montoneros secuestrados en la contraofensiva, el 17 de octubre de 1979. A Marcela no se le notaba el embarazo. Martín tiene tres hermanos: todos con el lóbulo de la oreja pegado a la cara. Fue abrazarse por primera vez y constatar que sí, Martín también la tiene.

Juan Cabandié

Juan Cabandié

Sus dudas no sólo tenían que ver con una relación tortuosa con su apropiador, integrante de la Policía Federal. A pesar del entorno conservador que lo crió, él se interesaba mucho en política, en pasar los sábados en actividades de barrios populares y hogares. En mayo de 2003 sólo le interesaba ir a escuchar a Fidel Castro a la Facultad de Derecho. Se acercó a Abuelas ese mismo año. Y también en 2003, Abuelas recibió una denuncia sobre el matrimonio del policía Luis Falco y su esposa Teresa Perrone.

El 26 de enero de 2004, supo que él era Juan: así lo había nombrado su madre Alicia Alfonsín al momento del parto en la Escuela de Mecánica de la Armada, un día de marzo de 1978. La secuestraron embarazada de cinco meses, el 23 de noviembre de 1977, el mismo día que a su marido, Damián Cabandié. Los vieron en "Club Atlético" y "El Banco". Militaban en la JP. Sara Osatinsky, sobreviviente, acompañó a Alicia en el parto y ayudó a que la familia supiera que ella lo había llamado Juan.

Ignacio Montoya Carlotto

Ignacio Montoya Carlotto

El amor por la música tejió lazos más allá del tiempo. Ignacio creció en el campo, en un hogar humilde, cerca de Olavarría. De niño, en un club de pueblo, intuyó que de las melodías de los instrumentos salía algo parecido al deseo y a la verdad. Muchos años después, en un encuentro de Música por la Identidad, el testimonio de otro nieto, se le impregnó cómo una canción conocida. De regreso en Olavarría le puso letra y la tituló "Para la memoria".

Sus padres de crianza cuidaban un campo. Cuando el dueño del campo, un hombre de fuertes vínculos con los militares y las "fuerzas vivas", falleció, una persona cercana a su entorno le confesó lo que era un secreto a voces: era adoptado. Ignacio escribió un correo electrónico a Abuelas. Se hizo los análisis. El 5 de agosto de 2014 recibió el llamado de su tía, Claudia Carlotto, directora de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad: era el hijo de su hermana mayor, Laura, y de Walmir Montoya, militantes de Montoneros, secuestrados en noviembre de 1977. Walmir había tenido una banda y tocaba la batería, su padre había sido saxofonista. Compañeras de cautiverio del centro clandestino La Cacha contaron que Laura había sido llevada a otro sitio a parir en junio de 1978. Era el nieto de Estela, la Abuela que había recorrido el mundo buscándolo.

Pablo Hernán Casariego Tato

Pablo Hernán Casariego Tato

Tenía 10 años cuando Interpol le reveló, en 1987, que sus padres, Norma Tato y Jorge Carlos Casariego, estaban desaparecidos. Militaban en la JTP y habían sido secuestrados el 14 de abril de 1977. Ella, embarazada de cinco meses. Los vieron en el centro clandestino "El Campito", en Campo de Mayo. Pablo nació en agosto de 1977 en ese hospital militar. Un médico del ejército, Norberto Bianco, lo anotó como propio. Una denuncia anónima reveló a Abuelas de Plaza de Mayo que ese hombre, podía tener a hijos de desaparecidos.

La Justicia intervino. El médico se fugó a Paraguay, pidieron su extradición. Ahí Pablo supo la noticia de sus padres, pero durante años sintió miedo y se negó a examinar su sangre. En el año 2003, se acercó a Abuelas a través de una nieta. En 2007, supo que era el hijo de Norma y Jorge, aun desaparecidos. Se abrazó con cuatro hermanos, hijos de parejas anteriores de sus padres, y dos tíos.

Jorge Castro Rubel

Jorge Castro Rubel

Nació prematuro, como tantos bebés paridos en maternidades clandestinas, en junio de 1977. Su madre Ana Rubel fue secuestrada con un embarazo de dos meses en enero. Su padre también cayó por esos días. A Ana la vieron en la Escuela de Mecánica de la Armada. Por sobrevivientes, se sabe que tuvo un varón sietemesino. Dos militares lo dejaron en Casa Cuna con graves problemas de salud. El médico de turno lo adoptó como propio.

Casado y con hijos, por la confesión de una tía supo que no era hijo de quienes decían ser sus padres. Semanas después se presentó en Abuelas. El 4 de diciembre de 2014 supo que era hijo de Ana y Hugo, militantes las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), Hugo como activista sindical. Jorge es sociólogo y desde el CONICET llevaba años investigando conflictos sindicales.

Humberto Ernesto Colautti Fransicetti

Humberto Ernesto Colautti Fransicetti

Nació el 30 de agosto de 1974, hijo de Elda, militante del PRT-ERP, y de Renato, en aquel momento, preso político. Su madre formó una nueva pareja con Roberto Ferri y tuvo otra hija, Elena. En mayo de 1977 la casa donde vivían fue allanada, y sus padres, desaparecidos. Humberto tenía menos de tres años, su hermana era una beba de meses. Los rescataron vecinos y los contactaron con un tío de la familia Ferri. Crecieron con él, sin poder localizar a Colautti.

Desde la cárcel, el papá de Humberto se contactó con Abuelas para ubicar a su hijo. Los hermanos fueron localizados en 1983. Apenas Renato fue liberado, pasó por Abuelas. Ellas lo acompañaron hasta la casa donde conoció a su hijo, que se fue a vivir con él.

Carolina Guallane / Paula Cortassa Zapata

Carolina Guallane / Paula Cortassa Zapata

Era una beba muy enferma cuando un juzgado mintió sobre su origen y la dio en adopción. Una familia la acogió de buena fe. A medida que crecía, Carolina sentía sospechas. Algo más que esas pesadillas que le invadían las noches y el modo en que leía la información sobre el terrorismo de Estado. Su familia adoptiva acompañó la búsqueda, también Abuelas. Los primeros análisis del Banco Nacional de Datos Genéticos no la relacionaron con otras familias. Aún así, Carolina estaba convencida. Dio notas a los medios asegurando: no pensaba parar hasta saber su origen.

El caso se hizo público y personas que habían conocido a su familia la identificaron. Sus abuelas vivían. En septiembre supo que había nacido el 13 de diciembre de 1975. La habían secuestrado en un operativo en Santa Fe, junto con sus padres, Blanca Zapata y Enrique Cortassa, militantes de la JP y Montoneros, en febrero de 1976. Blanca tenía un embarazo a término.

Carlos D´Elia Casco

Carlos D´Elia Casco

Sus padres eran uruguayos y militaban en el GAU. Yolanda y Julio se exiliaron en Argentina huyendo de la persecución política. Los secuestraron en diciembre de 1977 en San Fernando. Yolanda estaba embarazada de ocho meses. Los vieron en distintos centros clandestinos de tortura y exterminio. Sobrevivientes contaron que en enero de 1978, ella dio a luz un varón en el "Pozo de Banfield". Lo llamó Martín.

Una partida de nacimiento localizada por Abuelas de Plaza de Mayo trazó el camino a la verdad. La firmaba del médico policial Jorge Antonio Bergés. El bebé había sido apropiado por un teniente de navío y su mujer. Se abrió una causa en la Justicia y en 1994 los análisis confirmaron su verdadera filiación. Fue el primer juicio oral que llevó adelante Abuelas de Plaza de Mayo.

Laura Catalina De Sanctis Ovando

Laura Catalina De Sanctis Ovando

A los 7 años, se miraba al espejo y repetía: "cara de nada". No se sentía parecida a nadie. Abuelas ya la estaba buscando a partir de la denuncia de familiares sobre la desaparición de Myriam Ovando, embarazada de seis meses, en 1977. Su compañero, Raúl René de Sanctis, también había sido secuestrado. Eran militantes de Montoneros. Con el tiempo, llegaron datos de una joven anotada como propia por un militar. Abuelas inició una causa.

La Justicia la buscó para analizar su ADN. Durante años, Catalina, con miedo, escapó. Finalmente, el 8 de septiembre de 2008, conoció su origen. Y estaba la carta que su madre había escrito a sus padres durante el cautiverio: “Cuiden y quieran mucho a la nena (creo que está con ustedes, por supuesto). Recuérdenme y quiéranme en mi hija, ella es quien sin saberlo lleva en sus venitas la sangre que yo llevo y quien más cerca de mí estuvo durante todo este tiempo”.

Matías Nicolás Espinosa Valenzuela

Matías Nicolás Espinosa Valenzuela

Nació el 6 de marzo de 1976 en Lomas de Zamora, pero recién pudo conocer a su padre a los seis meses. Tulio "Tucho" Valenzuela, militante de Montoneros, ya estaba separado de su madre, vivía en la clandestinidad y no pudo inscribirlo con su apellido. Matías creció con su madre, Norma Espinosa, que le fue contando las historias de Tucho, secuestrado en enero de 1978. Después, lo obligaron a salir del país con los represores, en un operativo para secuestrar a dirigentes en el exterior. Denunció el plan y fue asesinado.

En la adolescencia, Matías se acercó a Abuelas para saber más. Contactó a sus tíos paternos. En 2009, cuando Sabrina Valenzuela -hija de Tulio con Raquel Negro-, conoció su origen, Matías se hizo los análisis. Confirmó que es hijo de Tulio y hermano de Sabrina.

Leonardo Fossati Ortega

Leonardo Fossati Ortega

Llegó al mundo en la mesada de una cocina angosta, la de la comisaría 5ta. de La Plata, el 12 de marzo de 1977. Inés Ortega lo parió esposada de pies y manos, cuando llevaba casi dos meses cautiva y había pasado por varios centros de tortura y exterminio. A ella -17 años, miembro de la Unión de Estudiantes Secundarios- la habían secuestrado en una calle de Quilmes junto a su marido, Rubén Leonardo Fossati, militante de la Juventud Universitaria Peronista. Madre e hijo pasaron cinco días juntos, hasta que alguien dijo que "el coronel" quería conocer al bebé y se lo daría a su familia biológica.

El hijo creció en una casa a diez cuadras de la comisaría, adoptado de buena fe. Cuando se convirtió en padre, sus dudas se intensificaron. Se acercó a Abuelas en La Plata, se analizó y en 2005 conoció su historia. Una sobreviviente, Adriana Calvo - ayudó en el trabajo de parto a su madre- le contó cómo fueron sus primeros minutos de vida.

Macarena Gelman García Iruretagoyena

Macarena Gelman García Iruretagoyena

Sus padres eran porteños, María Claudia García Iruretagoyena y Marcelo Gelman, militantes de Montoneros. Los secuestraron en agosto de 1976. Su mamá estaba embarazada de siete meses. Sobrevivientes contaron que los vieron en el centro clandestino de tortura "Automotores Orletti". Su padre fue asesinado y sus restos, hallados años después en un tanque de 200 litros en el canal de San Fernando. María Claudia fue llevada a Uruguay, donde dio a luz.

La madre de Marcelo, Berta Shuberoff se unió a Abuelas de Plaza de Mayo para buscarla. En 2000 el abuelo, el poeta Juan Gelman, encaró nuevas gestiones ante el gobierno uruguayo. La investigación avanzó. Macarena había sido entregada a un comisario y a su esposa. Macarena fue localizada ese año.

Gustavo Godoy Ferreyra

Gustavo Godoy Ferreyra

Se presentó en la filial de Abuelas de Plaza de Mayo en Córdoba con la certeza: era hijo de desaparecidos. Su apropiador se lo había confesado antes de morir. Le había contado que lo había ido a buscar a Campo de Mayo, para luego inscribirlo como propio en Paraguay.

El 24 de noviembre de 2003, los resultados confirmaron que era el hijo de Olga Mabel Ferreyra y Oscar Donato Godoy, delegado sindical de una fábrica. Los secuestraron en su casa de General Pacheco, el 28 de febrero de 1978. Ella estaba por parir a su quinto hijo.

Manuel Gonçalves Granada

Manuel Gonçalves Granada

Antes de que las ametralladoras le apuntaran, Ana María del Carmen Granada envolvió a su bebé de cinco meses en una frazada y lo escondió en el placard. Manuel Gonçalves Granada fue el único sobreviviente del operativo donde el Ejército y la Policía mataron a dos niños y a tres militantes de Montoneros en una casa de San Nicolás, en noviembre de 1976. El bebé pasó tres meses en un hospital. El juzgado lo dio en adopción a una familia de Quilmes. Su padre, Gastón Roberto José Gonçálves, había sido desaparecido el primer día del Golpe.

“Me encontraron en 1995, después de una investigación larga de las Abuelas y de la que participó el Equipo Argentino de Antropología Forense. El motor fue mi abuela Matilde”. A los 19 años, Manuel encontró un hermano Gonçalves, Gastón, bajista de Los Pericos. “Recuperar la identidad es una etapa larga, no sólo saber un nombre. Es empezar a cargar con una historia, hacerla propia, reconstruirla, entender quiénes fueron tu mamá y tu papá, generar los vínculos con lo que nunca existió".

Valeria Gutiérrez Acuña

Valeria Gutiérrez Acuña

Las primeras pistas se las dio la mujer que en su partida de nacimiento aparecía como su madre. Policías bonaerenses la habían entregado recién nacida, al hombre de la misma fuerza que en la partida figuraba como su padre. Eso había ocurrido el último día de 1976. Valeria había crecido con ellos escuchando otra historia: que la Policía la había encontrado abandonada en la ruta.

Con estos datos, Valeria se presentó en Abuelas en 2013. En febrero de 2014 los resultados confirmaron: era hija de Isabel y Oscar, militantes de Montoneros desaparecidos en agosto de 1976. Su madre estaba embarazada de cinco meses. Y supo también que su abuela paterna, Vilma Sesarego de Gutiérrez, era una de las fundadoras de Abuelas.

Andrés La Blunda Fontan

Andrés La Blunda Fontan

Era un bebé de tres meses cuando un operativo arrasó con el departamento de San Fernando donde vivía la familia y se llevó para siempre a sus padres, Mabel y Pedro, militantes de Montoneros. Aquel 20 de abril de 1977, Andrés fue ingresado al Juzgado de Menores de San Isidro para adopción, a pesar de que sus familiares y Abuelas de Plaza de Mayo habían aportado documentación y fotografías de casos de niños desaparecidos. Entre ellos, estaba el de Andrés. El juez no atendió los reclamos.

Las Abuelas lo localizaron en 1984, con el nombre de Mauro Cabral. Siguió viviendo con su familia adoptiva, en contacto con su familia biológica.

Jorgelina Paula Molina Planas

Jorgelina Paula Molina Planas

Tenía cuatro años y estaba con su madre, Cristina, cuando a ella la secuestraron de la casa donde vivían, en Lanús. Su padre, José, había sido asesinado el 12 de agosto de 1974 en Catamarca. Ambos militaban en el PRT-ERP.

Jorgelina quedó a cargo de una vecina, que no pudo ubicar a otros familiares de la niña y la entregó a un juzgado. La jueza de menores Delia Pons la envió a un hogar. Un integrante de la Fuerza Aérea, presentó a un matrimonio que la adoptó. Fue localizada en 1984. Las familias acordaron que siguiera viviendo donde había crecido. Doce años después, a instancias de su hermano Damián, Jorgelina se reencontró con él y lo que quedaba de su familia.

Hilda Victoria Montenegro

Hilda Victoria Montenegro

La secuestraron junto a sus padres en Lanús, era una beba de 13 días, en febrero de 1976. Tras una larga batalla judicial, impulsada por su tía en Abuelas de Plaza de Mayo y dilatada por las maniobras de los apropiadores que se mudaban para no ser hallados, se analizó. En el año 2000 le informaron: era hija de dos militantes del PRT-ERP: Hilda Torres y Roque Montenegro. Más tarde, el coronel que la había inscripto y criado como hija propia, Herman Tetzlaff, le confesó que él los había asesinado.

Se reencontró con su familia biológica en 2001. “Aparecí cuando me notificaron que mi sangre era compatible con la de dos personas a las que no conocía. Recuperar la identidad significó poder decir mi nombre y entender mi historia”. En 2012, en el juicio por el plan sistemático de robo de niños y bebés pronunció por primera vez en público el nombre que le habían dado sus padres: "Victoria".

Juan Pablo Moyano Altamirano

Juan Pablo Moyano Altamirano

Elba y Edgardo, tuvieron un hijo, Juan Pablo, el 26 de agosto de 1976. Militantes de Montoneros, a Edgardo lo desaparecieron el 18 de agosto de 1977. Sobrevivientes lo vieron cautivo en la Escuela de Mecánica de la Armada. Elba estaba con su bebé de un año cuando la secuestraron, en enero de 1978 en Carapachay. Las fuerzas de seguridad dejaron al niño con vecinos, que lo entregaron al Juzgado de Menores N° 2 de San Isidro. Sin investigar los antecedentes, el juzgado lo dio a una familia.

Juan Pablo creció en un ambiente duro, con la sensación de que algo no encajaba. A partir de una campaña de Abuelas que mostraba fotografías de niños desaparecidos, un trabajador ferroviario lo reconoció como el hijo adoptivo de una familia. Un grupo de Abuelas, junto con un tío, golpearon la puerta de esa casa. Así lo encontraron, en 1983. Juan Pablo tenía 7 años. El 27 de noviembre de 1984 fue restituido a su familia biológica.

Pedro Luis Nadal García

Pedro Luis Nadal García

Hilda y Jorge tuvieron dos hijos: Carlos Alberto nació en 1974 y Pedro Luis en 1975. Desde ese año, Jorge estuvo detenido por razones políticas. El 5 de marzo de 1976, Hilda, militante en el PRT-ERP, había dejado a su hijo mayor al cuidado de unos compañeros y fue secuestrada con el menor, frente a la Brigada de Investigaciones de Quilmes. Carlos creció con sus abuelos maternos.

A ser liberado en 1979, Jorge se exilió en París. Volvió a abrazar al hijo mayor, denunció a Abuelas la desaparición del menor. La investigación fue larga. Había sido anotado como hijo de un policía de la Brigada de Quilmes, Luis Alberto Ferian. La Justicia ordenó pericias genéticas en 2003. El 26 de octubre de 2004 los resultados confirmaron: era Pedro Nadal, iba a encontrarse con su hermano y su padre.

Guillermo Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit

Guillermo Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit

José Manuel Pérez Rojo y Patricia Roisinblit, tenían una beba de 15 meses, Mariana Eva Pérez. Militantes de Montoneros, Patricia estaba por recibirse de médica. A él lo secuestraron junto a su socio, Gabriel Pontnau, en la galería de Martínez donde tenían un local de cotillón. Patricia, embarazada de ocho meses, y su hija, fueron secuestradas en el departamento donde vivían. A Mariana la entregaron horas después a sus familiares.

Rosa Roisinblit denunció las desapariciones. Se sumó a Abuelas. Sobrevivientes le contaron que Patricia tuvo a su bebé en la Escuela de Mecánica de la Armada. Había pasado el último mes de embarazo atada a la pata de un escritorio, los ojos vendados. Después se supo era una casona en Morón, de la Regional de Inteligencia de Buenos Aires.

En 2000, una denuncia anónima señaló a un agente civil de inteligencia de la Fuerza Aérea, como apropiador del niño. Su hermana se acercó al trabajo con una carta: "Soy Mariana Eva Perez, soy hija de desaparecidos y busco a mi hermano”. Él accedió a hacerse los análisis. Dejó pasar los años, el miedo. Y dio su primera charla en Abuelas el año en que nació su hija. Su apropiador fue condenado, también algunos victimarios de sus padres.

Horacio Pietragalla Corti

Horacio Pietragalla Corti

Empezó a preguntarse por su identidad a partir de una crisis colectiva, la de diciembre del 2001 en Argentina. Ahijado de un teniente coronel, cursaba el secundario en una escuela pública de Lugano y había visto ahí La Noche de los Lápices. “Recuerdo tener 16 años, estar tirado e imaginarme el abrazo con una abuela. Eso me rondaba desde muy joven".

“Me animé a averiguar mi identidad después de la crisis de diciembre del 2001. Lo siento parte de una cuestión introspectiva que nos pasó a los argentinos”. A mediados de 2002, a los 25 años, fue a Abuelas. Él no lo sabía, pero su caso estaba siendo investigado por un juzgado. En 2003 supo: era hijo de Liliana Corti y Horacio Chacho Pietragalla. Su madre había sido secuestrada y asesinada y Horacio, que estaba con ella, entregado a una familia. “Encontrarme con la historia de mis viejos y con familiares fue una de las mejores cosas. Lo más duro: que mis abuelas fallecieron sin conocerme”.

Claudia Victoria Poblete Hlaczik

Claudia Victoria Poblete Hlaczik

José Poblete, chileno, había perdido las dos piernas en un accidente y viajó a Buenos Aires para un tratamiento. Mientras se rehabilitaba, conoció a Gertrudis. Él militaba desde la adolescencia, había sido presidente del centro de estudiantes por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria(MIR). En Argentina, juntos integraron diversas organizaciones: Juventud Universitaria Peronista, Montoneros. José armó el Frente de Lisiados Peronistas (FLP). Tuvieron una hija el 25 de marzo de 1978: Claudia Victoria. En noviembre, los secuestraron y llevaron a los tres al centro clandestino "El Olimpo".

La madre de José, Buscarita Roa, se unió a Abuelas de Plaza de Mayo. En 1999, la hija apropiada fue citada desde un juzgado para análisis inmunogenéticos. Un agente de inteligencia del ejército y su esposa la habían anotado como propia. El 7 de febrero de 2000 la justicia le restituyó su verdadera identidad. En 2005, la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró inválidas las leyes de punto final y obediencia debida en la causa por la desaparición forzada y torturas a José Poblete y Gertrudis Hlaczik de Poblete, impulsada por Abuelas de Plaza de Mayo y el CELS.

Matías Reggiardo Tolosa

Matías Reggiardo Tolosa

Gonzalo Reggiardo Tolosa

Gonzalo Reggiardo Tolosa

Sus padres esperaban mellizos. María Rosa Tolosa fue secuestrada el 8 de febrero de 1977 en Florencio Varela, con un embarazo de seis meses y por partida doble. Enrique Reggiardo, al día siguiente, en su trabajo en Lanús. Los vieron en el centro clandestino La Cacha. Cerca del parto, María Rosa fue llevada a la cárcel de Olmos. El 27 de abril de 1977 dio a luz a dos bebés. Sus apropiadores falsearon su fechas de nacimiento para anotarlos.

Familiares y otras secuestradas hicieron correr la voz. Abuelas de Plaza de Mayo investigó: el subcomisario Samuel Miara tenía mellizos ¿eran los bebés desaparecidos con su madre? En 1985, apenas el juez ordenó análisis inmunogenéticos, Miara se fugó con toda la familia a Paraguay.

A partir de la extradición, regresaron a la Argentina. Se les hizo una pericia genética en el Banco Nacional de Datos Genéticos. En octubre de 1989 no hubo dudas: los mellizos eran hijos de María Rosa y Enrique. La batalla judicial y mediática fue una carnicería. La relación incipiente entre los mellizos y su familia biológica materna se dificultó. Vivieron con una familia sustituta hasta alcanzar la mayoría de edad.

El día que declararon por el cautiverio de sus padres en La Cacha, en 2014, Gonzalo pidió si podía agregar algo: "Espero justicia por mi padres. Este es un día bisagra en la historia de mi vida", dijo; y un largo aplauso llenó la sala.

Florencia Laura Reinhold Siver

Florencia Laura Reinhold Siver

Un operativo del Servicio de Inteligencia Naval llegó a la casa de Haedo buscando a Marcelo. No lo encontró. Se llevó a Susana, embarazada de cuatro meses. A Marcelo lo detuvieron horas más tarde. A partir del testimonio de sobrevivientes, se sabe que el 15 de enero 1978 Susana tuvo a su hija por cesárea en el Hospital Naval de la ciudad de Buenos Aires. La llamó Laura. La madre de Marcelo, Luisa Bermúdez de Reinhold, se acercó a Abuelas y denunció las desapariciones. En junio de 2011, una joven se acercó a la Comisión Nacional por el derecho a la Identidad.

“Mi papá se llamaba Marcelo Carlos Reinhold y mi mamá Susana Siver, los conocí en 2011, cuando recuperé mi identidad, tras hacerme un ADN voluntario”, declaró en la megacausa ESMA. “Tengo una abuela paterna, que en sus 93 años algo me contó, tengo primos y tíos que conocieron a mi papá. Estudiaba abogacía, vivió en Haedo, militaba en Montoneros. Mi mamá nació en Parque Chas, militaba en la Facultad. Conocí a mi tía. Mis padres fueron vistos en la ESMA, donde yo nací. En realidad nací en el Hospital Naval y de ahí fui trasladada de nuevo a la ESMA con mi mamá, donde estuve 20 días. Me decía `Lauchita´. Agradezco poder dar mi testimonio por aquellos que no están y poder usar la palabra por aquellos que no tuvieron la posibilidad de defenderse”.

Ezequiel Rochistein Tauro

Ezequiel Rochistein Tauro

Nunca se había preguntado si por su fecha de nacimiento, podía ser hijo de desaparecidos. La astilla lo pinchó cuando tuvo a su hija. ¿Qué hubiera hecho él si alguien se le hubiera robado? La habría buscado sin parar, hasta el infinito. A él lo buscaban sin pausa, con prisa. La investigación había empezado a partir de la denuncia de un represor. Señalaba a un joven anotado como hijo propio por alguien de los grupos de tareas de Fuerza Aérea. Abuelas de Plaza de Mayo accionó judicialmente. El juez lo convocó a analizarse, el joven se negó.

El caso llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación: los jueces dijeron que se podían obtener muestras de ADN alternativas. Se intentó con muestras de objetos personales, pero estaban adulteradas. Se ordenaron más. Lo supo en septiembre de 2010: era el hijo de Graciela y Jorge, militantes secuestrados el 15 de mayo de 1977 en Hurlingham. Ella estaba embarazada de cuatro meses. Los vieron en la Comisaría 3° de Castelar. A Graciela también en "Mansión Seré", a cargo de la Fuerza Aérea, pero la llevaron a parir a la ESMA. Una semana después de conocer su filiación, viajó a Mar del Plata para encontrase con su abuela y su tía. La reconoció en el aeropuerto, era la única mujer que no podía parar de llorar.

María de las Victorias Ruiz Dameri

María de las Victorias Ruiz Dameri

Nació en Suiza, el 25 de marzo de 1978, en pleno exilio de sus padres, Silvia Dameri y Orlando Ruiz. Era la segunda hija, el mayor se llamaba Marcelo y tenía menos de dos años. Al año siguiente la familia viajó a Cuba. En 1980, regresaron a la Argentina en el marco de la contraofensiva de Montoneros. La familia fue secuestrada. Silvia estaba embarazada de cinco meses. Los vieron en la Escuela de Mecánica de la Armada. En agosto, con un capitán médico y otra compañera cautiva, Silvia tuvo ahí una beba. La llamó Laura.

Al hijo mayor, la filial cordobesa de Abuelas de Plaza de Mayo lo localizó en la Casa Cuna. Más tarde, lo adoptó la familia Heinzmann. En 1990, los análisis probaron era Marcelo Ruiz Dameri. En febrero de 1998, Abuelas recibió una denuncia anónima sobre una chica abandonada el 14 de diciembre de 1980 en las puertas del Sanatorio de Niños de Rosario, con un cartel con su nombre, Victoria. Había sido adoptada. Ella misma reconoció su cara entre las fotos de hijos desaparecidos publicadas en un diario. Se analizó. El 4 de enero de 2000 conoció su verdadera filiación. Al día siguiente se reencontró con su hermano. Su hermana mayor fue restituida el 27 de mayo de 2008.

Carla Graciela Rutila Artes

Carla Graciela Rutila Artes

Los padres de Carla, Graciela y Enrique, eran ciudadanos de la Patria Grande. Ella porteña, él uruguayo y militante del MNL-Tupamaros. Pasaron una temporada en Bolivia, en el ELN. Carla nació en Perú, en junio de 1975. Casi un año después, madre e hija fueron detenidas en Oruro, Bolivia. En el marco del Plan Cóndor, el 29 de agosto de 1976, las autoridades bolivianas entregaron a Graciela y a Carla a fuerzas de seguridad argentinas. Las vieron en el centro clandestino "Automotores Orletti", en Buenos Aires. Enrique fue asesinado en Cochabamba.

Recién en 1983 hubo noticias de la nena: Abuelas de Plaza de Mayo la ubicó en casa de un integrante de la Triple A, Eduardo Ruffo, y su esposa Armanda Cordero. Una abuela incansable, Matilde "Sacha" Artés, recorría los medios con la foto de su hija y su nieta colgando del cuello. Carla se reconoció. Los apropiadores le dijeron que era una bruja que quería sacarle sangre y le dieron una paliza memorable. Escaparon de la Justicia hasta 1985. Los análisis inmunogenéticos lo confirmaron: era "Carlita". En el juzgado donde le dieron la noticia, la esperaba su abuela: "Carlita, hace 9 años que te busco" le dijo. Hubo un abrazo largo y mudo. "Fue como restituir el amor que me habían robado".

Alejandro Pedro Sandoval Fontana

Alejandro Pedro Sandoval Fontana

Cursaba el secundario y paraba siempre en el mismo bar del oeste. Aún no sabía que ahí se habían conocido sus padres: Liliana y Pedro. Eran de Entre Ríos, pero se enamoraron en Buenos Aires, cuando militaban en el Frente Revolucionario 17 de Octubre. Pedro era futbolista y a la hora de elegir entre la militancia y el deporte, viajó a Cuba, y dio un discurso después de John William Cooke. Los secuestraron el 1ro. de julio de 1977 en Caseros. Liliana estaba en el primer trimestre del embarazo. Si era varón iba a llamarlo Pedro. Los vieron en el centro clandestino "Club Atlético".

Abuelas de Plaza de Mayo impulsó una causa. La Justicia citó al muchacho inscripto como hijo por un agente de inteligencia de Gendarmería, Víctor Enrique Rei. El joven se negó a todo. La justicia recogió sus objetos personales para extraer muestras de ADN alternativas. Detenido en Campo de Mayo, su apropiador le avisó de un allanamiento. “¿Qué hay que hacer?”, preguntaba el muchacho. Iban a pedirle remera, toalla, cepillo de dientes y peine. Le pasaron el cepillo de dientes a un perro. Cuando llegó el allanamiento, le sorprendió que le pidieran una sábana. En 2006, se probó que era el hijo de Liliana y Pedro. A veces imagina que sus padres se besaron por primera vez en su bar favorito.

Tatiana Mabel Ruarte Britos Sfiligoy

Tatiana Mabel Ruarte Britos Sfiligoy

El operativo donde se llevaron a su madre fue en una plaza. Allí quedaron, a la deriva en el medio del pasto, Tatiana de cuatro años y Laura de tres meses. Las derivaron a distintos institutos de menores. La mayor había nacido en Córdoba en 1973, hija de Mirta y de Oscar, militantes en las FAL-22 y en el PRT-ERP. Estaban separados en 1976, cuando lo secuestraron en esa ciudad. Lo vieron en el centro clandestino más grande de la provincia, "La Perla". Después, Mirta tuvo otra hija, Laura Malena, con Alberto Jotar. La pareja fue secuestrada el 31 de octubre de 1977 en Villa Ballester, en el norte del Gran Buenos Aires.

El 19 de marzo de 1980, Tatiana y Laura fueron encontradas por Abuelas de Plaza de Mayo. Su guarda la tenía el matrimonio Sfiligoy, de buena fe. Desconocía el origen de las chicas y las acompañaron en el reencuentro con su familia biológica. Ellas crecieron con la familia adoptiva, también con su verdadera historia.

Federico Luis Spoturno

Federico Luis Spoturno

Su madre, Alicia, era de Buenos Aires; su padre, Luis, de Entre Ríos; militaban en el PRT-ERP. Federico nació en julio de 1975. Era un bebé de seis meses cuando Luis fue asesinado en el copamiento al cuartel de Monte Chingolo. El 26 de agosto de 1976 estaba con su madre en la casa de unos compañeros en Merlo, provincia de Buenos Aires, cuando los secuestraron. La última vez que la vieron con vida fue en la comisaría 4° de Martínez.

Desde el secuestro, Federico quedó a cargo de una familia. Nunca le negaron quién era ni su historia. Ocho años después, en 1984, fue localizado y se reencontró con su familia biológica.

Marcos Suárez Vedoya

Marcos Suárez Vedoya

En diciembre de 1975, las calles de La Plata estaban llenas de emboscadas y peligros. Marcos nació en esos días, hijo de María Teresa y Hugo, militantes de la Juventud Universitaria Peronista y de Montoneros. Su madre desapareció el 20 de octubre de 1976. Cuando Marcos estaba por cumplir un año, lo secuestraron con su padre. Nadie sabe dónde. La familia peregrinó buscándolos por oficinas, iglesias y hospitales. El bebé había ido a parar a Casa Cuna, donde una enfermera se lo apropió. El niño creció con ella y una hermana de la mujer, haciéndoles preguntas que no sabían contestar. ¿Y su padre? Hablar de eso era un tabú: un accidente en una ruta, sin fecha ni lugar. Su apropiadora falleció cuando él tenía 14 años. El silencio sobre su origen se endureció aún más.

En 2006 se contactó con Abuelas. Su ADN reveló: era Marcos, el hijo de María Teresa y Hugo. Una familia lo estaba esperando. Su tío le había guardado durante 30 años, la paleta con la que jugaba su padre.

Sabrina Valenzuela Negro

Sabrina Valenzuela Negro

Sus padres, Raquel y Tulio, tenían una historia de militancia y confluyeron en Rosario, en Montoneros. Durante unos meses vivieron en Brasil, junto con el hijo de ella, Sebastián. Pocos días después de pisar Argentina, el 2 de enero de 1978, los secuestraron en Mar del Plata. Tulio y Sebastián estaban en la tienda Los Gallegos. Raquel los esperaba cerca, con su panza de siete meses. Los llevaron a la "Quinta de Funes", cerca de Rosario. Ahí se preparó el operativo México: Tulio fue obligado a salir del país con represores que planeaban capturar a líderes políticos. Tulio se fugó en México y denunció el plan y los crímenes. Volvió en la contraofensiva, pero nada más se supo de él. Raquel tuvo mellizos en marzo de 1978 en el Hospital Militar de Paraná: una mujer y un varón. La nena fue abandonada en un convento por fuerzas de seguridad, y adoptada de buena fe por la familia Gullino.

A fines de 2008, ya era una mujer cuando se acercó a Abuelas en Rosario. La institución Sebastián y la Secretaría eran querellantes en diversas causas. El 23 de diciembre de 2008, supo que era la hija de Raquel y Tulio. Dos hermanos la esperaban: Sebastián, por vía materna, Matías, del lado paterno. Siguen buscando al melli que falta.

Mariana Zaffaroni Islas

Mariana Zaffaroni Islas

Uruguayos y militantes, Emilia y Jorge tuvieron a su primera hija en Buenos Aires. Mariana nació el 22 de marzo de 1975. Emilia cursaba el tercer mes de un segundo embarazo cuando los secuestraron en su casa de Florida, en el marco del Plan Cóndor. Los tres fueron vistos en el centro clandestino "Automotores Orletti". Hasta ahora no se supo nada del bebé que debió nacer en cautiverio.

Mariana fue apropiada por un agente de inteligencia, Miguel Ángel Furci, y su esposa. Durante mucho tiempo tuvo pesadillas con olas gigantes y sintió miedo al ruido de los baños. Abuelas la localizó en 1983, los apropiadores se fugaron con la niña. En julio de 1991 los encontraron. Los análisis confirmaron lo que sospechaban: era Mariana Zaffaroni Islas. Su abuela María Esther Gatti de Islas la había buscando 16 años con Abuelas y Madres. "Cuando tuve a mi hija, pude empezar a entender la relación de ella con mi mamá. ¿Qué no haría yo por mis hijos?".

Sebastián Rosenfeld Marcuzzo

Sebastián Rosenfeld Marcuzzo

Al anochecer del 23 de abril de 1978, un auto se detuvo en la puerta de la casa de la familia Marcuzzo. Hacía meses que no tenían noticias de Patricia, una de sus hijas. Había sido secuestrada en octubre de 1977 en Mar del Plata, donde vivían. Su hermana, Sandra estaba sacando la basura cuando del vehículo bajó un hombre con un moisés y una bolsa. Se acercó y le entregó un bebé, ropa, leche. Una carta dirigida a la madre: “Querelo mucho, es buenito, anotalo a tu nombre, es el hijo que no tuviste”. La firmaba Patricia. En lugar del punto sobre la i había dibujado una pequeña mariposa.

Era el hijo que esperaban con su compañero, Walter Rosenfeld, secuestrado el mismo día. Tenían 21 años, un embarazo de tres meses y militaban en Montoneros. Estuvieron cautivos en Buzos Tácticos de la Base Naval de Mar del Plata. Después, ella fue llevada a parir a la ESMA. El 15 de abril nació su bebé, lo llamó Sebastián. A Walter lo vieron en La Cacha. El hijo fue entregado a la abuela materna. La rama paterna desconocía este hecho y Aída Kancepolsy de Rosenfeld denunció la desaparición del niño en Abuelas y se sumó a la institución. En 1983, recibió un llamado de Mar del Plata. Viajó ese mismo día a conocer a su nieto. Recién en 1990 Sebastián pudo recuperar el apellido de su padre. Empezó la universidad como Rosenfeld Marcuzzo.

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