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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

06 de junio de 2018

Con más derechos, la sociedad es mejor

A pocos días de un debate crucial para la historia del país, la Coordinadora de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina fija su posición en favor de la legalización del aborto, propone cambiar de paradigma por el bien de las mujeres y desnuda los dogmas de quienes dicen defender "las dos vidas". 

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#niunamenos, 4 de junio de 2018, Plaza de Mayo

Me siento honrada de ser parte del grupo que defiende los derechos básicos de las personas que eligen vivir en democracia, como son el derecho a la autonomía, a la intimidad y a la libertad para decidir acerca de la propia vida.

No obligará la aprobación del proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito a ninguna mujer a abortar. Nadie debería obligar a mi hija o a mis nietas a ser madres si no lo desean. Reivindico su derecho a desear y a decidir lo que consideren mejor en cada momento de sus vidas. Así lo han hecho los varones desde el inicio de los tiempos. La paternidad obligatoria no existe como concepto. Sin embargo un embrión requiere de un varón y una mujer para producirse.

No estoy sola en este lugar: me anteceden las ancestras que lucharon por la libertad y los derechos de las mujeres. Me acompañan mis compañeras y compañeros de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en Argentina. Hablo de y desde el  periodismo que, aún a pesar de los despidos, la precarización y los cierres de medios sostiene una agenda donde los derechos de las personas están por encima de otras noticias.

El derecho a la información, lo sabemos, nos es retaceado. Son demasiadas las mujeres y niñas que violentadas desconocen que las asisten derechos que el Estado debe cumplir.

La gran mayoría de las tradiciones culturales ubica a las mujeres en un lugar  de inferioridad, que es precisamente el lugar que decidimos abandonar. El sistema  patriarcal insiste desde hace siglos, utiliza su fuerza al imponer su ideología en los discursos, en los medios de comunicación y en las escuelas para generar una pretendida mística de la feminidad, de la maternidad, de la heterosexualidad obligatoria negando o desautorizando las palabras y los deseos que se generan por fuera de los pactos heteronormativos.

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#niunamenos, 4 de junio de 2018, Plaza de Mayo

Los fundamentalismos religiosos son como hemos visto en estos días de debate una pieza ineludible para sostener el sistema de opresión. Basta como ejemplo el titular del diario La Nación del 28 de mayo: “Aborto: el debate entra en la recta final y denuncian presiones de la Iglesia”. La presión más clara se produjo en Tucumán, donde el obispo Carlos Sánchez mencionó por su nombre de pila a los diputados nacionales de esa provincia y les pidió que voten "a favor de la vida". En mi barrio se llama apretada.

La militancia activa de las mujeres organizadas y el feminismo con todas sus diferencias han logrado hacer pública la autonomía que ya ejercíamos privadamente. Ya no es secreto que abortamos. Ya no es en voz baja que nos pasamos datos. Hoy decimos yo aborté y encontramos en los web datos del Misoprostol.

Cambiamos nuestro lugar en el curso de la historia. Tomen nota diputadas, diputados.

Sin embargo no todo cambió. Las fuerzas sobrevivientes de la inquisición que hoy se oponen a la legalización del aborto son las mismas que alientan que en las escuelas se imparta catequesis en lugar de Educación Sexual Integral. También se opusieron al divorcio, a la patria potestad compartida y, por supuesto, a las leyes de Matrimonio Igualitario y de Identidad de Género.

Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar. Ellos son los nietos de quienes las quemaban.

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#niunamenos, 4 de junio de 2018, Plaza de Mayo

Está claro que un grupo intenta mejorar las condicionesde vida  y asegurar la calidad democrática de un estado que se proclama laico. El otro no. Los llamamos con corrección: los antiderechos. El intento de imposición autoritaria se expresó en el recinto de debate por la legalización del aborto y también en su presencia en las habitaciones de los hospitales donde alguna niña espera que le hagan la práctica de interrupción de su embarazo. Y no se disimula en el titular de un diario que dice que la Iglesia avanza, tratando de evitar lo que saben que ya es inevitable: que se nos reconozcan nuestros derechos y que no nos vamos a detener hasta conseguirlos.

Hemos escuchado hablar de asesinatos. Sin embargo vamos mejorando: ya no nos llaman asesinas. No parece muy posible que alguna de nosotras sea detenida por instigación a la violencia ni que las muchas expositoras que relataron sus abortos paguen el precio penal de tal acción. 

Hemos escuchado la voz fuerte y plena del patriarcado que ejerce su crueldad, representado por varones y mujeres que enarbolan y argumentan, con aparente cientificidad, verdades a medias, mentiras, dogmas, consideraciones morales y, sobre todo, estereotipos básicos acerca de qué es  y cómo se debe ser madre… sin que la mujer importe. Y hemos escuchado también el forzado intento de equiparación entre el embrión y la mujer que lo anida.

Hablemos del reclamo de legalización del aborto, pero no nos dejemos engatusar, ubiquémoslo en el escenario correcto, fuera de los ámbitos morales y confesionales. Señalemos el permanente obstáculo para acceder a la justicia, la educación y la salud, que no solo nos eterniza en el ejercicio de una ciudadanía de baja calidad sino que además nos somete a violencias machistas graves, esta vez institucionales.

Como muy bien lo ha señalado Rita Segato ninguna sociedad trata a sus mujeres tan bien como trata a sus varones.

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#niunamenos, 4 de junio de 2018, Plaza de Mayo

El verdadero delito invisibilizado no es la práctica de la interrupción del embarazo sino el incumplimiento del Estado de la debida diligencia. El aborto es legal en Argentina por causales desde 1921. El sistema obstaculiza su acceso al desconocer la obligación de atención y protección reconocida en acuerdos, leyes y protocolos.

Nos mienten con descaro, mirándonos a los ojos y nos dicen la frase preferida de la violencia machista: es por tu propio bien y que -de a ratos- se desliza hacia es por el bien de la vida que llega.

Eso le dijeron a Ana Maria Acevedo mientras le negaban los medicamentos que le hubieran salvado la vida. O, al menos, le hubieran mitigado los dolores. Es la crueldad y el poder del dogma que recita como un mantra a favor de la vida, mientras  mata.

El Estado es feminicida.

Nos mienten cuando nos dicen cuidamos las dos vidas. Nos mienten cuando nos hablan de ética y dignidad, cuando nos ofrecen ser acompañadas por equipos interdisciplinarios para que nos ayuden a tener actitudes magnánimas, altruistas, misericordiosas.

Recordemos la declinación de abortar: yo aborto, tú abortas, ella aborta. Él no aborta y, si abortara, la práctica sería legal desde siempre y para siempre.

Nos mienten acerca del Misoprostol y su prohibición en Francia, descalifican investigaciones serias con ideas paranoicas. Inventan descaradamente síndromes que no están en ningún texto serio.

El patriarcado no tiene límites cuando se trata de mantener su poder sobre las mujeres. Sus brazos armados son la Justicia y la Medicina hegemónicas, androcéntricas. El patriarcado opera ideológicamente en todos los frentes y miente. El inexistente Síndrome de Alienación Parental intenta disciplinar y asustar a las mujeresmadres protectoras que defienden a su prole de los varones violentos abusadores.

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#niunamenos, 4 de junio de 2018, Plaza de Mayo

Cuando la abstracción deviene caso concreto, los defensores del feto desaparecen. Jueces como lullo en la provincia de Buenos Aires o Morcillo en Córdoba son emblemáticos en este sentido. Precisamente la provincia donde está el Portal de Belén, tan militante por el niño por nacer y tan ausente con los nacidos.

Mienten.

No les interesa el cigoto, les interesa mantener a las mujeres disciplinadas. Se llama patriarcado, es efectivo, es cruel. Goza de impunidad desde hace siglos.

De los mismos autores llega el Síndrome post aborto. Otro invento disciplinador del que también tuvimos noticias durante estos días de debate.

Los seres humanos nos construimos en comunidad. Cada experiencia personal produce en cada sujeto un impacto particular de acuerdo a su constitución y su historia.

Decir que el aborto produce inevitablemente un estado crónico de depresión, rupturas familiares, disfunciones sexuales es de un nivel de manipulación que carece de toda ética. Se trata de la subjetividad, del acompañamiento y, sobre todo, de la posibilidad de reparación que la comunidad brinda ante un hecho traumático. No existe tal síndrome. Existirán algunas mujeres que se arrepienten. He conocido y acompañado a muchas. Mi estadística de arrepentidas es cero.

Por eso sugiero que vayan a investigar el  invento del Síndrome post aborto, allí donde la práctica es legal y después volvemos a encontrarnos. Ahora, la frutilla de la torta es que los varones también se deprimen. La invención de los síndromes no tiene límites.

Sin embargo no hay ley penal patriarcal que nos detenga: ni el juez o jueza que no ve las marcas de la violencia, aprovechando que nunca hay testigos, ni el médico o médica que pasa por alto su deber de confidencialidad y nos denuncia ante un aborto incompleto e incluso ante un aborto espontáneo.

Nos mienten. Han mentido estos días besando muñecos, mostrando videos truculentos, falseando estadísticas, hablando de dos vidas, es como uno de nosotros o podemos darle un DNI, dijo alguien que no se ha preocupado por darle identidad a los bebés nacidos en cautiverio.

Nadie impidió que una disertante expusiera el rostro de una niña de 12 años,  cuya intimidad fue, en ese acto, tan violada como su cuerpo. Eso es un delito. Eso es violencia. Es el ejercicio de la crueldad maquillado con el discurso del amor.

Mostrar dos ecografías diciendo que el producto es el mismo provenga de una de violación o del amor es el mejor ejemplo de la banalidad del mal de la que habló Hannah Arendt, y de la negación del delito.

Mientras hablan de prevención, se cierran consejerías, escasea la entrega de anticonceptivos y se obliga a las jóvenes a comprar en el mercado ilegal el Misoprostol, que se paga más de lo que vale con el riesgo agregado de no saber qué es lo que se compra.

Nos mienten. Son  profundamente antidemocráticos.

Por último, quiero referirme a quienes aún no han decidido. A los que en su vida personal hace rato que saben que sí, pero temen el costo de decir en público que están a favor de la legalización. No se equivoquen: miren a las jóvenes en las calles, en las plazas, en los centros de estudiantes. Den el ejemplo. Pónganse por delante.

Ya ganamos. Ganamos contando que abortamos. Ganamos porque el movimiento hoy son las pibas. Ganamos porque la libertad sexual es irreversible. Ya las mujeres no volveremos a callarnos. Queremos gozar también de los placeres del cuerpo. Estamos juntas.

La marea feminista no tiene vuelta atrás. El precio político lo pagarán quienes estén mirando otro canal y se queden afuera de esta revolución.

La decisión de abandonar un paradigma es siempre, y simultáneamente, la decisión de adoptar otro. Ya lo probamos: una sociedad con más derechos es una sociedad mejor.

Sin aborto legal, no hay ni una menos.

Nosotras ya ganamos.

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