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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

04 de agosto de 2018

"Si yo me salvé fue por la fotografía"

La fotógrafa Cristina Fraire presentó su libro Habitar lo inhabitable con imágenes que tomó entre fines del año 2000 y principios de 2001 en la Villa 20 y en los conventillos de La Boca. "Me interesa trabajar sobre la realidad, sobre eso que está allí fuera de mí y que por alguna razón me interroga a veces doliendo, otras maravillándome, las más de las veces las dos cosas juntas", explica sobre su trabajo.

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Foto: Cristina Fraire

“Por el año 2000 Eduardo Jozami era secretario de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires y le presenté un proyecto en el que señalaba que la urbanización es un trabajo social, no sólo arquitectónico o edilicio. Le planteé que quería hacer un trabajo fotográfico en el que lo fundamental fuera la gente que vive en las villas y no los edificios, que aparecen en segundo plano. Yo no me dediqué a fotografiar el avance de las obras”, recuerda la fotógrafa Cristina Fraire sobre el puntapié de sus ensayos, que dio forma en el libro Habitar lo inhabitable.
El libro, que presentó ayer en el marco de la 29 muestra anual de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (Argra) en la Casa Nacional del Bicentenario- reúne imágenes del trabajo Donde la ciudad se interrumpe, de la Villa 20 y de Pequeños equilibrios, con fotos de los conventillos del barrio de La Boca, cuando trabajaba para la Comisión Municipal de Vivienda. 
"La ciudad se interrumpe surgió por lo que es la villa, donde en ese entonces no había cloacas, ni electricidad y no entraban los colectivos ni las ambulancias. El primer trabajo de la Comisión de la Vivienda fue abrir calles allí donde había pasillos, lo cual implicaba la demolición de viviendas y la relocalización de la gente", recuerda la artista.
Uno de los fotografiados es Pedro, junto a dos de sus nietos. Cristina tomó esa imagen en la casa en la que vivía y por donde pasaría la calle. La segunda foto, en la que Pedro sostiene otra foto, es la casa a la que se mudó. “La foto que Pedro tiene en la mano la tomé en el mismo lugar donde está Pedro ahora y la fotografiada es la persona que habitaba antes allí y que se mudó a un departamento”, indica. 
Recuerda con precisión la historia de Pedro: “Lo que más me impresionó es que era un trabajador que arreglaba ventiladores y televisores y vendía huevos. Vivía en una casa bastante precaria y se mudó a otra. Y cuando fui a devolverle la foto a principios de 2001 me dijo ‘Doña estoy preocupado porque no hay trabajo y no quiero salir a robar’. Eso fue lo más duro que viví. Después, por la crisis, él tuvo que irse a vivir con el hijo y alquilar su casa. Todo esto que está pasando ahora es muy parecido a ese momento”.
El título Habitar lo inhabitable también tiene que ver con la precariedad que habita los conventillos de La Boca. “Si bien la ciudad no se interrumpe en el conventillo hay algo que es inhabitable. Las vigas allí están atadas con alambre, las columnas están rotas. ¿Cómo es el equilibrio que hace esta gente para sobrevivir? Comparten los tableros eléctricos, varios de ellos se incendiaron”, apunta.
En Pequeños Equilibrios, la fotógrafa aborda “encuentros forzosos (convivencia ineludible) en patios comunes, infancia entre escaleras y paredes de madera y chapa, de padres trabajadores, muchos de ellos sin trabajo sin embargo trabajadores, de comedores comunitarios, bolsones de comida y piquetes, de escuela y de pelota y  murga. Una infancia de gente que espera y lucha, que quiere el progreso y  a la vez le teme”.
“Me interesa trabajar sobre la ‘realidad’ sobre eso que está allí fuera de mí y que por alguna razón me interroga a veces doliendo, otras maravillándome, las más de las veces las dos cosas juntas. Siempre transformándome. Uno de los principales motivadores de mis trabajos ha sido la idea del prejuicio, he querido traspasar esa frontera, marchar al encuentro y traer a la luz  la humanidad que categorizaciones como villeros, pobres, sucios, conventilleros... degrada, excluye, niega”.
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Foto: Cristina Fraire

Sus fotos están cargadas de sensibilidad, ¿cómo se plantea estos trabajos, qué busca y cómo se va modificando esa búsqueda?

Cuando voy a fotografiar no voy con ideas previas. Elijo vidas truncas para fotografiar. Por ahí tiene que ver conmigo, con mi historia particular. Son vidas que quedan truncas; cuando uno trabaja en la villa se da cuenta, hay chicos que están dando vueltas, buscan que les den algo para hacer. En una charla que di para la Facultad de Arquitectura me preguntaban qué haría yo en la villa y dije que construiría un centro cultural, porque esos chicos ahí dentro son muy potentes. Por suerte yo encontré la fotografía. Y si yo me salvé fue por la fotografía.

 ¿Cómo trabaja las fotos que publica?

La fotografía es cómo una se para, cómo mira, cómo ve, cómo escribe, es el cuerpo de una el que se pone en juego y una se para frente a otro de una manera determinada. Hay cuestiones ideológicas que también juegan. Después una va pensando qué quiere decir y ve que hay alguna foto que se ajusta más a eso. La forma que tengo de sacar que es muy espontánea: dentro de algo que está ocurriendo. 

¿Por qué elige publicar sus trabajos en blanco y negro?

Uso blanco y negro porque yo veo en blanco y negro. Cuando veo mis fotos en color no me gustan, siento que no es lo que había visto.

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Fraire ejerció como reportera gráfica entre 1980 y 1990. Trabajó para los diarios Crónica y Popular y para varias editoriales. Consultada por Haroldo sobre cómo era ser mujer y fotoperiodista en ese momento afirma que “sentía la discriminación”. Le llegaron a decir que no la iban a tomar o a poner en blanco porque “las mujeres se embarazan y traen problemas”.
Un editor le preguntó cómo iba a hacer si tenía que entrar a un vestuario de hombres a sacar fotos. Y ella le respondió que en la misma situación estaría un varón que tuviera que entrar al vestuario de mujeres. Otro jefe le consultó si era capaz de pegarle a alguien para obtener una primicia: ella le dijo que en lugar de los golpes usaría la astucia.
“Pienso cuántas quedaron en el camino, porque había que tener mucho aguante. Además, una ganaba muchísimo menos que un varón. Había que ser tenaz. En cambio cuando iba a la villa o a La Boca no había ningún comentario por el hecho de ser mujer”. Los tiempos cambiaron.
*Las fotos se pueden ver hasta el 12 de agosto en la muestra anual de ARGRA, en la Casa Nacional del Bicentenario, Riobamba 985, Ciudad de Buenos Aires.
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Cristina Fraire por Lucrecia Da Representacao

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