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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

13 de agosto de 2018

"Fotografiar siempre es memoria"

El documental Sombras de luz, que acaba de estrenarse, recorre la producción y trayectoria de Carlos Bosch, uno de los grandes fotógrafos de Argentina. Son 87 minutos que muestran la manera audaz que tiene el artista de representar la violencia, el despojo y las injusticias. "Hay muchos fotógrafos que susurran, que son hermosos para ver y quedarse adelante. Yo no susurro: intento gritar para comunicarme", se define.

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A mediados de los 60 Carlos Bosch estaba preparando un mural en La Boca en apoyo a la vivienda popular. Para hacer el boceto se le ocurrió sacar una foto a un niño armando una casita. Al revelarla se entusiasmó, pero había algo que no le convencía. Cuando llegó al taller de pintura, en el que participaba desde hacía tres años, le expresó sus dudas al maestro.

-Si yo hago el mural, la gente va a pasar y va a decir qué lindo mural. Si yo muestro la foto, la gente va a decir pobre pibe. Y a mí me parece que el rol está más acá que ahí.

Su maestro lo miró, pensó un momento, y sin vacilar lo echó del taller. Le dijo que lo suyo no era la pintura.

Ese fue el comienzo de la carrera de uno de los fotógrafos más osados e irreverentes de Argentina, capaz de arriesgar su vida con tal de denunciar a la Triple A o a los falangistas en España, a pocos años de la muerte del dictador Franco. Ahora se exhibe en diferentes cines el documental Sombras de Luz: la fotografía de Carlos Bosch, de Daniel Henríquez, Leonardo Novak y Carmela Silva, un excelente retrato que invita a repasar parte de su obra y reflexionar sobre el valor de la fotografía en la construcción de la memoria colectiva y en estos tiempos de imágenes efímeras y redes sociales.

Carlos Bosch es uno de los grandes fotógrafos de Argentina que, como le sucede a la gran mayoría de sus colegas, es desconocido por el gran público. Este documental intenta sacar de las sombras su nombre y su obra para enseñar su manera audaz de representar la violencia, el despojo y la injusticia de la realidad cotidiana. Los 87 minutos del largometraje nos ofrecen una de las posibles entradas a un universo fotográfico con una visión muy honesta de la vida, muy radicalizada, muy sensible, muy rigurosa”, como lo define en la película Mempo Giardinelli, amigo y compañero de coberturas periodísticas en los años 60 y 70. 

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Sombras de Luz se estructura en torno de la preparación de uno de los últimos proyectos de Bosch, Los miedos, y de los testimonios de sus amigos Alfredo Sánchez, Oscar Smoje, Mempo Giardinelli y Jorge Abot. Las escenas van hilvanando un perfil que viaja entre el presente y el pasado. Por un lado, se ven los dilemas y dificultades que atraviesa en su actual búsqueda artística y su temor a ser jubilado por sus colegas. Él quiere mostrar sus nuevas fotos, no quiere homenajes. Las diferentes entrevistas permiten recorrer la extensa historia profesional de Bosch, desde sus comienzos en la editorial Abril a fines de los 60, su paso por Noticias (1973-74), su exilio en España, donde fundó diarios y renovó el fotoperiodismo ibérico, hasta sus coberturas en conflictos bélicos.

Uno de los aciertos del documental es enseñarnos a un Bosch en medio del trabajo que hay detrás de cada click de su cámara. Lo vemos en la búsqueda del lugar indicado, el manejo de la luz o la incógnita por la repercusión que tendrán sus nuevas propuestas. A medida que transcurren los minutos contemplamos cómo va construyendo Los miedos, la serie de autorretratos fotográficos donde el artista se expone en situaciones límites: en la cárcel, en un geriátrico o durmiendo en un colchón a la intemperie. Situaciones que implican una apuesta arriesgada porque él nunca se caracterizó por aparecer en sus fotos. Incluso en el documental uno de sus amigos, el artista Oscar Smoje, le sugiere que deje de hacer eso, que vuelva al fotoperiodismo. "Es que yo no quiero hacer más eso, ese es el problema. Pero quiero seguir haciendo el tema. Entonces le doy toda la vuelta para poder mostrarlo de otra manera", explica Bosch en el documental.

Lo que busco es que la gente reflexione sobre la realidad en general. La idea del autorretrato nació por mi preocupación de hacer la realidad pero utilizándome a mí como elemento”, explica ahora en una entrevista con Haroldo.

El riesgo tuvo su premio: su autorretrato número dos ganó en 2016 el Gran Premio Adquisición de Argentina.

Para entender el proceso creativo de Bosch, el documental repasa parte de su obra a través de los testimonios de sus amigos (“Lo emparento con la pintura de Goya”, asegura Smoje) y de su visión sobre la fotografía. Una visión que no le escapa a los debates actuales e históricos como los límites éticos para sacar una foto o las herramientas que se necesitan para componer una imagen que diga algo del presente e interpelen a la sociedad.

“Yo no tengo un distintivo de firma, una manera del lenguaje, sino que utilizo la que me parece adecuada para cada momento (...). Para que me entiendan: yo no susurro con mis fotos. Hay muchos fotógrafos que susurran, que son hermosos para ver y quedarse delante. Yo no susurro: intento gritar para comunicarme”, explica Bosch en el filme.

La memoria también es un tema ineludible. La fotografía es Memoria cuando tiene un significado en el espacio, el espacio y la luz. Fotografiar siempre es memoria, y el rol real de la fotografía y del cine es lo único que existe, por ahora, para documentar una realidad en el tiempo, para que quede como memoria”.

Esto se ve con claridad en el documental cuando Bosch inaugura en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti su muestra El huevo de la serpiente, que compila fotografías tomadas en distintos actos organizados por la Falange entre 1977 y 1979. Entre ellos, un homenaje a Francisco Franco y la visita de Georgio Almirante al Valle de los Caídos. Son imágenes fuertes e irónicas de fascistas que añoran los tiempos del viejo dictador. Se ven gestos duros, con rencor, que desfilan vestidos con sus trajes de estilo militar. Bosch no lo podía saber, pero ahí había algunos de los que luego serían ministros del último gobierno del Partido Popular en España.

Para lograr esas fotos se hizo pasar por falangista. Sólo así se explica la intimidad que logró. "Me hacía el fascista y saltaba con ellos. Le dije vengo de Argentina, somos los muchachos de Videla, y así entré con ellos. Les daba una copia y estaban contentos. Yo era buen fotógrafo para ellos”, cuenta. 

Cuando sacó las fotos quería denunciar que el fascismo estaba latente en la España postfranquista. Tres décadas después, cuando inauguró la muestra en el Conti, aquellas imágenes cobraron un nuevo valor. No sólo hablaban de la memoria de un pasado. Se habían convertido en una advertencia de que esos gestos y miradas que simbolizaban el totalitarismo podían estar de nuevo entre nosotros, pero con otra ropa.

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Sobre el final del documental Bosch lanza un pronóstico impactante: "Yo creo que la fotografía va a desaparecer. Este es el final de la fotografía".

Sorprende la afirmación en una época donde los avances tecnológicos han permitido que cada persona tenga una cámara en su celular. Quizás sean los temores de un fotógrafo que se formó con la lógica del analógico y el revelado de rollos. Para él es la consecuencia lógica de una profesión que nació con instrumentos que hoy prácticamente no se usan.

"En el futuro yo veo que la tecnología le va ganando al fotógrafo y le va ganando al hecho memoria. Entonces cada vez tiene más libertades en el sentido técnico, ve más luz, refleja los colores. El cambio es que yo tengo ahí dentro todo mi negativo físico, vos acá (señala una computadora) tenés números y cada tanto se me pierden. Es otro mundo. Antes había un elemento físico con el que trabajabas. Ahora trabajás con un sistema donde cuanto más sabés más tenés pero nunca existe en realidad", explica a Haroldo.

Esto no significa que Bosch esté por colgar la cámara. En la línea de Los miedos, sigue planeando producir fotos que muestren la realidad con ironía y crudeza. En este momento, por ejemplo, está preparando una imagen en donde una familia en situación de calle se encuentre comiendo huesos de pollos con vajilla y cubiertos elegantes. Desde ya, utilizará su cámara analógica.

 A pesar de las advertencias desalentadoras de Bosch, la fotografía aún no muere y él no tiene dudas de que continuará en el mismo sendero. "Yo me considero un fotógrafo y me gusta lo que hago. Yo voy a seguir con lo mismo, seguir comunicando".

Sombras de luz: la fotografía de Carlos Bosch se puede ver hasta el 15 de agosto todos los días en el cine Gaumont a las 13.20 y 18.30; en el cine Cosmos desde el jueves 16 de agosto hasta el miércoles 22 a las 16:00 y en el Malba todos los domingos de agosto a las 18. 

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