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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

12 de octubre de 2018

Martha Ferro, una feminista con mil vidas

Martha Isolina Ferro fue una feminista trotskista, poeta beatnik, periodista, editora, titiritera y agitadora popular. Militó en el PST y vivió en los '60 en Nueva York. A su regreso se destacó como redactora de policiales en Crónica, desde donde aportó perspectiva de género a sus notas. Fue una de las homenajeadas en la muestra "Células madre", que se expuso hasta septiembre en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

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Altar de la muestra "Siempre vivas"

Martha Isolina Ferro fue una feminista trotskista, poeta beatnik, periodista, editora, titiritera y agitadora popular. Nació en el barrio porteño de Barracas en 1942. Su abuela anarquista le transmitió la historia de la huelga de inquilinos de 1907 y la participación de las mujeres en esa huelga y en la Semana Roja de 1909. Para Martha Ferro, el modelo de feminismo a seguir fue el de la anarquista Virginia Bolten, obrera del calzado que editó La Voz de la Mujer en 1896.

En 1960 la expulsan de la secundaria por lesbiana. Estudia Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1967 se va a vivir a Nueva York con su novia lesbiana y una pareja de amigos gays. Allí deviene costurera, ayudante de cocina, empleada doméstica por horas (entre otros hogares, limpió el de Susan Sontag), vendedora de panchos en un carrito y agitadora de inquilinos latinos en el Lower East Side. Toca fondo en la frialdad de Nueva York en un pozo de heroína a comienzos de los ‘70.

En 1974, de vuelta en Buenos Aires, ingresa al Partido Socialista de los Trabajadores (PST). El partido le encomienda convertirse en delegada gremial en la fábrica de galletitas Terrabusi. Asiste a reuniones feministas, pero se siente molesta cuando ve a una empleada doméstica tucumana cocinando las empanadas que las feministas van a comer. No vuelve a asistir a esas reuniones. En 1976-1977, en el pico máximo de terror de la dictadura, se exilia de Buenos Aires como linyera en la isla Maciel. Vuelve a la ciudad en 1978 y habilita un sótano en San Telmo como espacio artístico de reunión de lesbianas, feministas y mujeres trotskistas, abierto también a sus amigos gays. Contribuye a sacar del país información sobre Madres de Plaza de Mayo y le presta su pasaporte a la dirigente trotskista Nora Ciapponi, para que viaje a Nicaragua a la toma del bunker del dictador Anastasio Somoza. El partido luego le encarga editar la revista feminista Todas, que reúne artículos de actualidad de todo el arco social y de distintos países.

En los años ‘80 y ‘90 se dedica a la crónica policial en la revista Esto! (de Editorial Sarmiento-diario Crónica). Escribe sobre casos de gatillo fácil y violencia institucional, intenta esclarecer asesinatos de prostitutas a manos de la policía y contribuye con la organización de la Correpi. Delegada gremial, la despiden de Crónica durante una huelga. Poco después deja el periodismo y se dedica a formar una nueva generación de titiriteros en el barrio de La Boca.

Contribuye a sacar del país información sobre Madres de Plaza de Mayo y le presta su pasaporte a la dirigente trotskista Nora Ciapponi, para que viaje a Nicaragua a la toma del bunker del dictador Anastasio Somoza.

Peleó duro contra un cáncer atribuido al cigarrillo. Y dejó de fumar su atado de Philip Morris 15 días antes de su muerte, en 2011.

*Martha Ferro fue una de las homenajeadas en la sección “Siempre vivas” de la muestra “Células madre. La prensa feminista en los primeros años de la democracia”, con idea e investigación de María Moreno, que se expuso en el Conti hasta el 16 de septiembre.

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