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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

14 de febrero de 2019

Fragmentos de identidad

Ilustración Leonardo Surraco
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Composición en el aire, estudio sobre un boceto de Gurvich

“No hurtaré nada valioso, ni me apropiaré de ninguna formulación profunda.
Pero los harapos, los desechos, esos no los quiero inventariar,
sino dejarles alcanzar su derecho de la única manera posible: empleándolos”
Walter Benjamin

“El montaje sería un método de conocimiento y un procedimiento formal nacido de la guerra,
que toma acta del ‘desorden del mundo’”
Georges Didi-Huberman

El collage y el deseo de crear en el campo de las artes visuales surgieron en mí a partir de una precipitación colectiva. Sin esperarlo, pero sí aguardando seductoras sedimentaciones, en el año 2010 comencé a hacer collage. El 27 de octubre de ese mismo año murió el ex presidente Néstor Kirchner, hecho que impulsó que huérfanos y huérfanas generados por el genocidio reorganizador de fines de siglo XX, nos conformáramos en colectivo.

Teníamos mucho que hacer y deshacer, reflexionar y darle acción política a nuestra experiencia-condición. Por este “temita” en el Colectivo de Hijos/Colectivo de Huérfanos necesitábamos contar con una caja de herramientas para la reflexión. Buscamos la posibilidad de encontrarnos en una lengua común intentando recorrer los márgenes de la palabra.

Sabíamos que lidiábamos con una identidad de la catástrofe[1], con los sentidos huracanados, tsunamizados, terremoteados y “en el mismo lodo, todos manoseaos”[2]. Instituimos un espacio de quehacer artístico para nuestro rodeo identitario y así nació el CdC.

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"Nuestro régimen de sensibilidad"

La invitación de Nicolás decía: “Queridos amigos y artistas, les escribo en ocasión del primer encuentro de lo que daremos en llamar ‘CdC’, o sea Club de Colaye o Colectivo de Collages o Campo de Creación o Cualquier Cosa (menos Campo de Concentración, por obvios motivos)”.

“Nos tomó un tiempo darnos cuenta de la casualidad: ‘CdC’ tiene las mismas letras que ‘CCD’, sigla con la que designamos los lugares donde nuestros viejos estuvieron detenidos-desaparecidos. La expresión Centro Clandestino de Detención es un eufemismo para nombrar a los campos de concentración o chupaderos. O lo que cada uno prefiera. Sigla que heredamos y usamos muchas veces sin detenernos a pensar en su origen, su autoría, su historia, por la comodidad de aludir a algo ya conocido por nuestro interlocutor”[3].

Sostuvimos numerosos “CdC” en los cuales indagamos en distintas técnicas y soportes: hicimos muestras, surgieron conexiones, logramos un espacio que funcionó. Fundamos nuevas percepciones.

Pensamos con imágenes que no nos pertenecían y que, al encontrarlas, por alguna razón se nos imantaban.

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El mito de origen que conté en estas líneas es el fundamento por el cual tomé tijeras, pegamentos, rompí papeles, compilé diferencias, armé vínculos y separé casamientos eternos. Hacer collage es en sí reflexionar sobre los fragmentos y las totalidades, sobre los espacios entre las cosas y sobre el devenir en otra cosa. Es también una reflexión acerca del tiempo. Las imágenes que me convocaron, en general, fueron producidas en las décadas de 1930 y hasta 1950 o 1960. Ecos del Estado de bienestar, de un capitalismo antes del caos neoliberal y sus resistentes vencidos.

A las imágenes las encontraba en nuestro presente después de años de estar en sus continentes de otro tiempo. Producido el hallazgo y encantado por el encuentro, las extraía y armaba un nuevo mapa (ohhh los mapas…) en un nuevo universo.

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De la creación

La historia en la reflexión collagista y en el materialismo mesiánico es una constelación: “la historia es una red y no una vía”[4] dice la canción que también hubiera tarareado Walter Benjamin.

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La potencia collagista derivó en un más allá del “CdC”. Entre encuentro y encuentro producía en casa, mi casa. El collage invadió el departamento: pad de cortes, set de trinchetas, bisturíes, pegamentos, libros antiguos, estantes con cientos de boletos, cajas, mapas, postales, fotos encontradas en las calles, papeles de regalo, hilos, plumas, tintas acuarelas… Indagué, investigué y emulé.

Existen varias vertientes del collage desde que apareció el Papier Collé de los cubistas, y a mí me encantan (de encantamiento), precisamente, los collages que hacían pintores. Quería collagear como Adolfo Nigro. Estaba lejos, no tenía el oficio de pintores como él. Mis últimos collages coquetean con sus trabajos y los de su maestro Jorge Gurvich, aunque más a nivel de los símbolos que por su factura.

Decidí acortar distancia con los maestros y estudiar dibujo y pintura. Así, en algún momento, poder cantar el ritornello a los collages con más oficio.

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Me baña el lodo del Río de la Plata, nuestra agua ocre, nuestro lodo más acuoso pero no menos terrado. Agua-tierra que también es un “cielo azul que viaja”[5] como dice el poeta uruguayo Aníbal Sampayo.

Me preguntan por los peces, no siempre lo cuento pero hoy tengo ganas. Antes naveguemos por algunos elementos.

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El encuentro

Al trabajar con hilo ocurre que la más mínima brisa lo vuela, un hilo de coser es volátil ante un brusco movimiento. Se mueve con la respiración, se vuela ante el movimiento de una mano que huracanea la superficie del collage en ciernes. Cuando se lo empapa en pegamento se vuelve menos sensible al correr del viento. Una vez seco se vuelve lodo, ya no pertenece al viento sino al agua, ondula (ondulé)[6]. Esta es la metamorfosis del hilo en el proceso de la hechura, aunque compuesto después sea símbolo de agua o viento.

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Los mapas nos señalan también donde está el fin de la tierra y el principio del agua. Sucede con los mapas que nos sirven para ubicarnos y desplazarnos aunque no son el territorio. Hay otros mapas que se hacen de recorridos y de búsquedas muchas veces infructuosas. Estuvieron en ese cuadrante, arrojados entonces a esas coordenadas. Entonces, no ahora ¿o sí? Serán los restos, que insisten. Hay resto del resto en siluetas, en las disecciones de los cuerpos fragmentados de libros viejos de anatomía. Hay resto en nuestras entrañas.

Los peces son portadores de los restos de los arrojados al río. El cuerpo de los peces está compuesto molecularmente por ellas y ellos también. ¿Ha visto los ojos de los peces estimado lector? ¿No conducen al infinito? Ojo de pez, el agujero negro del río. 

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Entre nosotros todas esas cosas y los tesoros

Al describirle algunos elementos que son parte de mis collages, y contarle sus secretos, noté que no he mencionado qué los compone. Los elementos en mis collages están conjurados, creados amorosamente en nuevos compuestos. El amor, siempre el amor, que insiste hasta en su fantasmagórica imposibilidad, en todas sus formas; incluyendo la del pez.

Afortunadamente estos elementos también son otras cosas y el secreto de los peces de tan guardado que estuvo, generó otros universos conjurados.

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Epilogo del Mapatorio

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Biopolítica

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Dadá

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Notable estudio de la sociabilidad

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La Ronda

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Sin título

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Tríptico centro

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Una flor para nuestras muertitas y muertitos

Piqures de eros

Los otros

La apropiación sistemática de niñes

Notas

  • Nota al pie 1: Gatti, Gabriel, El detenido-desaparecido. Narrativas posibles para una catástrofe de la
    identidad. Montevideo: Ediciones Trilce, 2008.
  • Nota al pie 2: Cambalache (1935) / Enrique Santos Discépolo: https://www.youtube.com/watch?v=vH6_jzFlkFg
  • Nota al pie 3: http://colectivodehijos.blogspot.com/2010/11/cdc.html
  • Nota al pie 4: “El otro engranaje” / Jorge Drexler: https://www.youtube.com/watch?v=-i7O5tvmZmo&list=RD-i7O5tvmZmo&start_radio=1
  • Nota al pie 5: Aníbal Sampayo / “Río de los pájaros”: https://www.youtube.com/watch?v=Qd3DKedMe3I
  • Nota al pie 6: Mathieu Boogaerts / “Ondulé”: https://www.youtube.com/watch?v=fMipyoLbuZw

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