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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

22 de marzo de 2019

Conquistas de la memoria

“Los espacios de memoria en Argentina son la representación visible de un pasado que no pasa (…) pero esos sitios están allí, disponibles, para evocar un pasado de sangre, secuestros, torturas, desaparición, pero también, de luchas políticas, sindicales, sociales y culturales”, afirma Ludmila da Silva Catela, ex Directora del Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba, en el texto que acompaña la exhibición que se inaugurará el sábado 23 de marzo en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

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La Perla (Córdoba). Familiares, amigos y sobrevivientes recuerdan a las víctimas detenidas-desaparecidas.

Julián Athos Caggiano (2016)

Rejas, paredes agrietadas, baldosas marcadas, inscripciones, puertas y ventanas que demarcan el adentro del afuera, lo clandestino de lo legal. En el campo, en la ciudad, en manzanas alejadas o en cuadras llena de vecinos. Marcas visibles, huellas indelebles, rastros a ser señalados. Los espacios de memoria en Argentina son la representación visible de un pasado que no pasa. Cualquier visitante o ciudadano que recorre las ciudades, no puede transitarlas sin encontrarse con alguna marca que señala, enuncia, alerta sobre la violencia ejercida por el terrorismo de Estado. Impresa en la arquitectura de los ex centros clandestinos de detención y resignificada en los espacios de memoria, no necesariamente logrará desentrañar todos sus significados, pero esos sitios están allí, disponibles, para evocar un pasado de sangre, secuestros, torturas, desaparición, pero también, de luchas políticas, sindicales, sociales y culturales.

Los espacios de memoria, esas marcas en la esfera pública, no se construyeron de un día para el otro. No se conquistaron de manera aislada, ni por la mera voluntad política de los gobiernos de turno. Estuvieron y están atados a luchas de los organismos de derechos humanos, a demandas sociales, a instituciones e individuos emprendedores de memoria, a coyunturas históricas nacionales e internacionales, a la posibilidad de disponer de políticas públicas que los doten de recursos humanos y económicos para que sean posibles.

Encierran en sí mismos, materialidades que destruyen cualquier intento de negacionismo; significados profundos sobre vidas laceradas, violentadas, asesinadas pero también historias de resistencias, dignidades recuperadas y testimonios que permiten ejercer la Justicia frente a los crímenes de lesa humanidad. Fundamentalmente encierran y promueven historias que fortalecen las memorias desde lo local para irradiar pedagogías y diálogos hacia el futuro.

Estos espacios tienen una particularidad, no fueron recuperados y reconstruidos para reproducir el horror, ni para mostrarlo literalmente. Pretenden, de manera contraria abrir, señalizar, mostrar espacios de acción política, cultural, social en el presente que permitan indagarnos sobre cómo esos hechos fueron posibles. Los espacios de memoria le recuerdan a la comunidad imaginada de la Nación que esos ejercicios del terror y las violencias ejercidas fueron posibles dentro de sus fronteras y ejecutadas por ciudadanos argentinos contra ciudadanos y ciudadanas argentinas. Nos interpelan, constantemente, sobre la posibilidad de que esas experiencias puedan volver a repetirse. Por esto, se proponen como espacios cuyas acciones jalonan diferentes acciones de la memoria. Acciones para valorizar y abrir al público los lugares en los cuales el pasado reciente de violencia política dejó sus huellas y así romper con la impunidad y el silencio. Ejercitar una vigilancia conmemorativa contra el olvido. Investigar para conocer y denunciar lo que allí pasó y contribuir al ejercicio de la Justicia.

Las prácticas de memoria promovidas en y desde sus instituciones, son una búsqueda constante del mantenimiento del lazo social que une a los muertos (desaparecidos y asesinados) con los que estamos vivos. Que evocan continuamente la pregunta “¿cómo fue posible?”. Estas acciones en y desde los espacios de memoria permiten reflexionar sobre un cómo que recupere todos sus sentidos, incluidos los más problemáticos sobre el pasado reciente; que permitan comprender y reflexionar sobre la tragedia vivida, pero también sobre las apuestas políticas que estuvieron involucradas en ese pasado y las que están en juego en el presente. Un cómo que debería, posibilitarnos imaginar un presente y un futuro, con un sistema de derechos humanos y justicia que no permita que ningún ser humano sea tratado como una “cosa” y así asesinado, masacrado, o simplemente, ignorado.

* Este texto acompaña la muestra fotográfica “Conquistas de la Memoria. Marcas del terrorismo de Estado y Políticas Públicas de Memoria” fotografías del Equipo Audiovisual del Ente Público Espacio Memoria que se inaugurará en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti el próximo sábado 23 de marzo a las 18 HS. Entrada libre y gratuita.

** Ludmila da Silva Catela es la directora del Museo de Antropología de Córdoba y ex Directora del Archivo Provincial de la Memoria de Córdoba. Es Doctora en Antropología Cultural por la Universidad Federal de Río de Janeiro, Brasil. Profesora e investigadora de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) e Investigadora del CONICET.

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Departamento de Informaciones (D2) de la Policía de Córdoba. Este centro clandestino operaba a la vista de todos, en pleno centro de la ciudad de Córdoba.

Paula Lobariñas (2016)

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Servicio de Informaciones (Rosario, Provincia de Santa Fé). Se estima que allí estuvieron secuestradas 1800 personas, perseguidas por su militancia política y social. Fue el mayor centro clandestino de detención de la región. 

Malena Cagna (2015)

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Club Atlético (CABA). La excavación arqueológica en el predio donde funcionó este centro clandestino, demolido en 1978, permitió encontrar los restos del sótano y una gran cantidad de objetos que son prueba material del testimonio de las víctimas. Formó parte del circuito represivo ABO.

Paula Lobariñas (2019)

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Trelew: Viejo Aeropuerto de Trelew (Provincia de Chubut). Lugar donde se produjo en 1972 la detención de presos políticos que se habían fugado y que posteriormente fueron fusilados en la Base Almirante Zar, en la Masacre de Trelew, un antecedente central del terrorismo de Estado en Argentina.

Natalia Bordesio (2018)

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Escuela de Mecánica de la Armada (CABA). Durante la última dictadura, la ESMA mantuvo su actividad educativa y simultáneamente funcionó como uno de los centros clandestinos más grandes de la Argentina.
Paula Lobariñas (2012)

Escuelita de Famaillá (Provincia de Tucumán). La Escuela Diego Rojas se inauguró en 1974, pero no llegó a funcionar como establecimiento educativo, ya que se utilizó como centro clandestino antes del golpe de Estado de 1976, en el marco del “Operativo Independencia”.

Facundo Ramos Mejía (2017)

Virrey Cevallos (CABA). En la planta baja había un garaje por donde ingresaban a las personas secuestradas. Le seguía un patio y, más adelante, una sala de torturas. En el entrepiso se encontraban las celdas de confinamiento.

Mariano Portas (2019)

Departamento de Informaciones (D2)de la Policía de Mendoza. El centro clandestino funcionaba dentro del Palacio Policial, a solo dos cuadras de la Casa de Gobierno provincial.

Candelaria Pantaleón (2018)

Mansión Seré (Morón, Provincia de Buenos Aires). El centro clandestino funcionó desde 1977 hasta la fuga de cuatro detenidos-desaparecidos en 1978. La casona fue incendiada por los represores con el propósito de destruir las pruebas de su funcionamiento represivo.

Fernando Lospice (2018)

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