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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

03 de julio de 2019

Abdala, un dirigente que se transformó en emblema de lucha

El próximo 13 de julio se cumplirán 26 años de la muerte de Germán Abdala, trabajador estatal y secretario general de ATE-Capital a partir de 1984, dirigente político y parte constitutiva de la mística de la militancia nacional y popular de las últimas décadas. Para homenajearlo, el próximo jueves 4 se presenta un libro sobre su trayectoria, de Norberto Galasso, en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. De la mesa participarán el autor, Griselda Abdala, Juan Carlos Ybarra y delegados y delegadas de ATE.

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Germán Abdala durante un encuentro militante

El próximo 13 de julio se cumplirá un año más sin la presencia de Germán Abdala, trabajador estatal, dirigente gremial y político, parte constitutiva de la mística de la militancia nacional y popular de las últimas décadas.

El acto de volver sobre determinados personajes nos involucra una discusión entre su contexto, obra y legado, en relación con las preguntas e inquietudes que nos movilizan en nuestro presente y que nos empujan hacia aquellas historias.

Siguiendo esta premisa no es casual que, más allá de la efeméride, nos propongamos volver a pensar en Germán no como hombre singular, sino como síntesis de una experiencia de lucha colectiva. Este contexto histórico que nos toca vivir a las argentinas y argentinos muestra la reconversión de las políticas neoliberales que hemos vivido tiempo atrás y que nos vuelven a llevar a las mismas situaciones de miseria, hambre y desocupación. Los tiempos en donde Germán se constituyó como dirigente y referencia fueron muy parecidos.

Un breve recorrido biográfico

Germán Darío Abdala nació el 12 de febrero de 1955 en Santa Teresita, pueblo costero de la provincia de Buenos Aires. Allí realizó sus estudios primarios, para luego cursar la secundaria en la ciudad de Buenos Aires. No se recibió ya que no rindió los exámenes de las últimas materias que le faltaban.

En su reciente biografía sobre Germán[1], Norberto Galasso cuenta que en ese mismo año ya militaba dentro del peronismo en una villa de Parque Patricios y otra en Barracas. Durante ese tiempo formó parte de la agrupación político-sindical “Amado Olmos”, dirigida por los sindicalistas Sebastián Borro, Héctor Quagliaro, Julio Guillán y Avelino Fernández, cuya sede era un modesto local en el barrio de Balvanera. Allí tomó sus primeros vinos junto a Víctor de Gennaro, iniciando una amistad que duró toda su vida.

Hacia 1975 comenzó a trabajar como pintor en los Talleres de Minería del Estado. Allí encaró la militancia gremial en la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), aunque durante la última dictadura cívico-militar tuvo que asumir un perfil más clandestino, cuidando a sus compañeros y compañeras que eran perseguidos por el gobierno genocida dentro del Estado, aplicando la Ley de “Prescindibilidad” o medidas de traspasos forzados de los sectores de trabajo.

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Germán Abdala y Víctor De Gennaro

En ese contexto es que muchos de los cuadros gremiales perseguidos por la dictadura y también por la conducción de ATE (en ese entonces, Juan Horvath era su secretario general) se reorganizaron en la Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de ATE (ANUSATE). La máxima referencia aglutinadora de aquel grupo fue Héctor Quagliaro, militante de ATE-Rosario.

Este grupo encaró una silenciosa pero imponente labor militante durante los años de la dictadura, que los llevó a la conducción del gremio en 1984 ganándole por los votos a Juan Horvath, tras la recuperación de la democracia. Germán fue electo Secretario General de ATE-Capital, con un rotundo acompañamiento de los y las afiliadas.

Su labor gremial en aquellos años lo consolidó como una figura política dentro del movimiento en el cual continuó militando, el peronismo. Dentro de las acaloradas discusiones que tuvo dicho movimiento en la década de 1980 Germán, junto a Chacho Álvarez, Pipi Bilancieri y tantos otros, conformaron el Movimiento de Renovación Peronista (MRP) que acompañó a Antonio Cafiero. Tras las internas, y de cara a las elecciones de 1989, el peronismo se encuadró detrás de la figura de Menem. Con la contundente elección que hizo el peronismo, Germán ingresó al Congreso Nacional como diputado por la Ciudad de Buenos Aires.

Su rol parlamentario se destacó por la aprobación de la Ley de Convenciones Colectivas para trabajadores del Estado (conocida como “Ley Abdala”), lo que fue posteriormente el convenio 214/08. Con la política neoliberal implementada por Menem, como las privatizaciones y los despidos en el marco de la reforma del Estado, y principalmente tras los indultos a los genocidas de la última dictadura cívico-militar fue que Germán y otros diputados nacionales justicialistas decidieron separarse del bloque y conformar el “Grupo de los Ocho”, junto con Darío Alessandro, Chacho Álvarez, Luis Brunatti, Moisés Fontela, José Carlos Ramos, Juan Pablo Cafiero y Franco Caviglia.

Ya por entonces Germán sufría los golpes de un cáncer que lo llevó a realizarse más de veinte operaciones en el país y en el exterior. A pesar de esa enfermedad, Germán continuó con su compromiso en defensa de los derechos de los trabajadores y las trabajadoras. En pleno contexto neoliberal, y observando la complicidad de gran parte de los gremios de la CGT para con las políticas del gobierno, impulsa la creación del Congreso de Trabajadores Argentinos que tras su muerte devendrá en Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). En noviembre de 1992 participó de su Primer Congreso en Parque Sarmiento, ya muy deteriorado en su salud.

Germán murió el 13 de julio de 1993, a los 38 años. Sus cenizas fueron entregadas al mar de su Santa Teresita natal.

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Germán Abdala hablando junto a trabajadoras y trabajadores

Lo que nos dice Germán hoy

Muchas fueron las reflexiones que Germán nos legó, no sólo en aquellas ya famosas entrevistas con Bernardo Neustadt y Mariano Grondona en la televisión, sino en las innumerables rondas de mates con las compañeras y compañeros estatales, las charlas en las seccionales de ATE o en las unidades básicas, o desde su banca en el Congreso, defendiendo a los trabajadores y al patrimonio del Estado desguazado por el menemismo.

En épocas donde el gobierno pregona el ajuste del Estado, la reducción de su personal (que no es más que el despido de los trabajadores y trabajadoras que sostenemos las políticas públicas del día a día), volvemos a la palabra de Germán: “…con los medios formadores de opinión, con los amplios sectores donde está este problema del Estado ineficiente, del Estado elefante; esta frase célebre que engrosaría las página en blanco que dejó Arturo Jauretche cuando escribió el Manual de Zonceras, se ha convertido un poco en las frases comunes hasta de los propios estatales, sin entender que lo que está reproduciendo en última instancia es la ideología del liberalismo, que en las últimas tres décadas hegemónicas el liberalismo ha conducido el Estado y ha conducido las empresas.

(…) Lo que nosotros sostenemos es que en un país dependiente, en un país como el nuestro, el Estado es la única herramienta que tenemos los sectores populares para transitar otro tipo de camino, para canalizar el crédito de una forma, para garantizar la educación, la cultura, la salud, para realmente tener un postura de vigencia, de seguimiento, de protección, de áreas que no solo van de la mano de la soberanía sino hasta las cuestiones de servicios (…) nosotros decimos: este Estado [el neoliberal] no le sirve a nadie, a ningún sector en la Argentina que se plantee una Argentina para todos, pero no le sirve porque ha sido destruido sistemáticamente y por eso nosotros planteamos que se tiene que realmente reformular. Las empresas del Estado tienen que ser revitalizadas, necesitan inversión, y tiene que haber un papel decisivo y protagónico de los que realmente conocen el problema que, en última instancia, somos los que trabajamos dentro del Estado; con formas autogestionarias, con formas de comité de gestión de manera que realmente el Estado empiece a estar al servicio de la comunidad y del conjunto de la sociedad.

(…) Yo creo que no va a haber una estrategia de poder seria de los sectores populares sin recuperar esa memoria histórica de los trabajadores, la que incorpora Tosco, Amado Olmos, Huerta Grande. Debemos incorporar los hechos más importantes gestados colectivamente. No va a haber ningún hecho que piense el futuro si no está basado en este antecedente histórico”[2].

Cuando planteamos reencontrarnos con su figura estamos indagando en un actor clave de la experiencia sindical de la década de 1980 y 1990, parte de un sector del movimiento obrero que discutió un modelo de país, que repensó sus estructuras internas, y que resistió los embates de las políticas neoliberales a las que hacíamos referencia. Para la militancia del campo nacional y popular, todas estas discusiones están más vigentes que nunca, y por eso queremos recordar a Germán.

Notas

  • Nota al pie 1: GALASSO, Norberto: Germán Abdala, Colihue, Ciudad de Buenos Aires, 2019.
  • Nota al pie 2: Entrevista de Eduardo Aliverti a Germán Abdala, 16 de octubre de 1989.

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