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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

11 de septiembre de 2015

El crimen de Luciano Arruga

La vida breve

En 2008, en La Matanza, tras el encarnizado acoso de la Bonaerense, Luciano Arruga se convirtió en un caso emblemático de desaparición forzada en democracia. Sus restos, enterrados como NN, fueron hallados en 2015 gracias a la lucha incansable de su hermana Vanesa Orieta, quien relata el sufrimiento de los jóvenes pobres victimizados por el abuso policial.

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Vanesa Orieta durante la juicio que condenó a diez años de prisión al policía de la Bonaerense Julio Diego Torales.

Gentileza Télam

Tuvo que lucharla desde pequeño, se crió junto a su madre y tres hermanos, su padre había abandonado a la familia. Hubo miseria, pobreza, mudanzas sucesivas, finalmente se afincaron en el barrio 12 de Octubre, en Lomas del Mirador, partido de La Matanza.

Luciano cuidaba de los más chicos mientras su mamá trabajaba afuera en lo que podía, limpiar casas, lavar platos en un bar, salir con un carro a cartonear para juntar unos centavos más. Él iba y volvía de la escuela siempre apurado, sin tiempo para jugar ni para los deberes.

El ancla de Luciano fue Vanesa Orieta, su hermana mayor por parte de madre, con ella, a pesar de no vivir juntos, compartía penas, esperanzas, ilusiones y las ganas de estudiar y encontrar un lugar menos duro en la vida. Le gustaba tocar la guitarra, soñaba con ser músico y a pesar de lo ríspido de lo cotidiano luchaba por salir adelante.

Tenía 16 años cuando el 22 de septiembre de 2008 efectivos policiales del Destacamento de Lomas del Mirador lo detuvieron y lo torturaron física y psicológicamente por no acceder a la exigencia de salir a robar para ellos. La rápida acción de su hermana Vanesa, y de su madre, Mónica Alegre, logró que lo dejaran en libertad. Pero a partir de ahí Luciano fue otro, perdió la paz, su vida se convirtió en un infierno, temía salir a la calle, ir a su trabajo en una fundidora cercana al barrio; ya no quería pisar la plaza donde guitarreaba y cantaba con sus amigos. Se sentía acorralado, amenazado. En el Destacamento, antes de liberarlo, le habían anticipado que le harían la vida imposible.

Y cumplieron la maldita promesa. El 31 de diciembre de 2009 lo desaparecieron, no hubieron rastros de él ni de lo que le había sucedido, más tarde se supo que un automovilista lo había visto bajar de un patrullero y cruzar corriendo la General Paz donde fue atropellado por un vehículo. Seis años después, a fines de 2014, tras la lucha y la búsqueda incansable de Vanesa, su familia y un grupo de amigos, Luciano, o lo que de él quedaba, fue encontrado, enterrado como NN en el cementerio de Chacarita.

“Luciano tenía 16, ahora tendría 22 años…, yo tengo 32”, dice Vanesa, una joven delgada, pequeña, de una fortaleza enorme y la decisión inalterable de lograr justicia por el crimen de su hermano y de tantos otros jóvenes.

El 15 de mayo de 2015, en una sala de audiencias repleta, y con una multitud que reclamaba justicia en la calle, el Tribunal Oral 3 de La Matanza, en un sólido fallo, condenó a diez años de prisión al policía de la Bonaerense Julio Diego Torales por los apremios ilegales y torturas ejercidas sobre Luciano el 22 de septiembre de 2008.

El fallo fue enviado a la Fiscalía General de La Matanza para que continúe la investigación y se determine quiénes fueron los “coautores” de las torturas, junto con Torales. Además, resolvieron enviar una copia al juzgado Federal donde se investiga la desaparición de Luciano y el hallazgo de su cuerpo sepultado como NN. Esta causa es la que hace que actualmente su hermana Vanesa y la agrupación “Familiares y amigos de Luciano Arruga”, continúen la lucha iniciada en 2008 para lograr el total esclarecimiento de lo ocurrido.

La vida breve- Revista Haroldo
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Violencia contra los jóvenes pobres

“Luciano tenía 16, ahora tendría 22 años…, yo tengo 32”, dice Vanesa, una joven delgada, pequeña, de una fortaleza enorme y la decisión inalterable de lograr justicia por el crimen de su hermano y de tantos otros jóvenes –pobres en la mayoría de los casos- víctimas de detenciones arbitrarias, torturas, gatillo fácil y desapariciones forzadas, en democracia.

¿Hay algún testigo que haya visto a Luciano el 31 de enero de 2009, fecha de su desaparición?

 Se sabía que todo detenido que pasara por el Destacamento de Lomas del Mirador, era trasladado a la comisaría 8ª porque allí no había lugar. En la causa consta que hay testigos que reconocieron a Luciano por fotos y dijeron que podría haber estado preso en la 8ª ese 31 de enero, pero son cuestiones que deben ser investigadas,  más aún desde que Luciano apareció el 17 de octubre  pasado enterrado como NN. Si bien los peritajes antropológicos forenses determinaron que la muerte de Luciano ocurrió por el impacto del auto que lo atropelló, nunca vamos a poder saber, porque ya han pasado seis años, si su cuerpo registraba marcas de torturas. Lo que sí sabemos es que apareció en la General Paz a las 03.25 de la madrugada, habíamos empezado a denunciar su desaparición alrededor de la una de la mañana. Lo que tiene que determinar la Justicia es qué es lo que ocurrió durante esas tres horas. Nosotros lo reclamamos con la lucha en la calle, pero la Justicia tiene que esclarecer qué pasó.

¿Vos vivías también en la casa de tu mamá?

No, yo me crié con mi abuela en Lomas del Mirador, tenía relación con mi mamá, con mis hermanos, pero no vivíamos juntos. Luciano era un joven adulto, maduro, le había tocado sufrir muchas situaciones difíciles para su edad que le hicieron entender que debía acompañar a mi mamá que trabajaba afuera para darles de comer, y que él que tenía que cuidar a sus hermanos.

¿Pudo estudiar Luciano?

Sí, hizo la primaria, la secundaria la había abandonado pero se había anotado para terminarla cuando pasó lo que pasó. En la primaria tuvo mala suerte con una docente que le dijo cosas discriminatorias que le quedaron marcadas a fuego en su mente, eso le provocaba dudas con relación a la escuela. Era un pibe muy inteligente, decía “la escuela es la que me educa y también es la que me discrimina”, charlábamos mucho, yo siempre trataba de que no perdiera la esperanza; iba a terminar el secundario porque comprendió que así podría tener un trabajo mejor. Tenía sus amigos, se divertía dentro de una situación de precariedad, en una familia en la que intentábamos mantenernos unidos y ayudarnos entre todos. Mi abuela siempre laburó con una máquina ganando muy poco dinero, pero ayudaba a mi vieja en todo lo que podía. Nosotros somos personas que trabajamos mucho y a las que nos costó la vida, entendemos lo que es vivir en la pobreza y como mujeres tener que criar a los hijos en total soledad, a mi abuela le pasó lo mismo, siempre detrás de lo indispensable, que era comer.

Luciano trabajaba cuando lo detuvieron.

Sí, el laburaba en una fundidora de Lomas, y además salía con el carro a juntar cartones, botellas; eso en los barrios se vende y da un ingreso mínimo, pero para un pibe como él que no tenía muchos gastos era una ayuda más. Le gustaba mucho la música, en nuestra familia se escuchaba folklore, chamamé, y nosotros dos mucho rock, intercambiábamos música; y la lectura, yo le ayudaba cuando le costaba entender libros complejos.

¿Vos pudiste estudiar Vanesa?

Yo hice primaria, secundaria y sociología, pero no terminé la carrera. La abandoné cuando ocurrió lo de mi hermano y empecé a batallar esta causa, me dediqué a esto que requiere gran parte de mi vida y no me hice ningún rollo, sabía que tenía que dejar de lado cosas, no lo pensé dos veces Y el aprendizaje lo tuve una y mil veces acompañando a mi familia, pidiendo justicia por Luciano y luchando por encontrarlo. Ahí aprendí mucho más que en la universidad que me demostraba a veces que todo lo que enseñaba no era nada más que palabras. Intenté pedir ayuda cuando la vida se me estaba complicando y no recibí buenas respuestas, no vengo de una familia de doble apellido ni de clase alta y licenciados, soy una más y voy a ser toda la vida una más, y desde ese lugar aprendí mucho. Luciano estaba buscando su camino, en un barrio es muy difícil encontrar un camino, apasionarte con algo y sentir que tenés todas las posibilidades de hacerlo. Le gustaba jugar a la pelota y por una cuestión de plata nunca pudo entrar a un club; le gustaba  tocar la guitarra, le compramos una y aprendía de oído, escuchando, pidiéndole a alguno que le enseñara, pero no había plata para clases. Y qué podía ser eso en ese momento, ¿cien pesos por mes? Sí, pero a veces no tenés cien pesos para eso. Tengo una familia, un hijo, y a veces no hay diez pesos por mes que sobren. Pero elegí tener lo indispensable para vivir y absorber en abundancia lo que realmente necesito y que tiene que ver con el saber, con aprender, con empaparse del problema del otro. No me va a faltar el plato de comida, pero todo lo que tiene que ver con este sistema, con lo material, a mí mucho no me interesa, no está en mis valores.

La batalla la viene ganando la derecha, la inseguridad se discute en los grandes medios, los políticos hacen campaña, pero no hablan de la mafia de la Bonaerense,  ni la desarticulan. Y para hacer campañas se detiene a los pibes pobres, que es lo que pasó con mi hermano.

Hay muchos pibes corriendo los mismos riesgos en los barrios…

Lo que creo es que tenemos que hablar de todos los hechos que ocurrieron durante la dictadura genocida, pero también de todos los hechos que en democracia todavía no han tenido una solución concreta. Empezar a hablar de temas graves como la inseguridad, que nosotros, en “Familiares y amigos de Luciano…”, consideramos que es un punto que también se utiliza políticamente para ganar votos, pero no se trata seriamente. Se habla de la problemática asociada con los pibes de los barrios pobres, la inseguridad asociada con las villas, con la pobreza. Pero no se habla de las mafias que integran las diferentes fuerzas de seguridad, ni de las que controlan los grandes delitos del mundo: la venta de armas, de drogas, las redes de trata. En este punto la batalla la viene ganando la derecha, la inseguridad se discute en los grandes medios, los políticos hacen campaña todo el tiempo con eso, pero no hablan de la mafia de la Bonaerense,  ni la desarticulan. Y para hacer campañas se detiene a los pibes pobres, que es lo que pasó con mi hermano.

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La vida breve - Revista Haroldo
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Mónica Alegre, la madre de Luciano Arruga

Gentileza Télam

El destino de “los nadies”

Organismos como el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) o la CORREPI (Coordinadora Contra la Violencia Policial e Institucional) entre otros, han denunciado reiteradamente el acoso que sufren de parte de sectores de las fuerzas de seguridad los jóvenes adolescentes que habitan las villas y barrios pobres en todo el país. El acoso al que aluden, consiste en las acciones amenazantes que efectivos policiales ejercen para obligarlos a cometer delitos en beneficio propio, y “descartarlos” cuando ya no resultan útiles para esos fines, enviándolos a la cárcel o ejecutándolos y/o desapareciéndolos, como en el caso de Luciano. En el mismo sentido se han pronunciado al respecto organismos estatales como la PROCUVIN (Procuraduría contra la Violencia Institucional) y ATAJO (Agencia de Acceso Territorial a la Justicia).

¿Con qué argumentos detienen a los pibes?

El doble A es el mejor argumento: Averiguación de Antecedentes. La policía puede averiguar telefónicamente, pero en un barrio no importa nada, ni la legalidad, ni la forma en la que se deben manejar las detenciones. Ahí sos un nadie, y como sos un nadie la policía tiene el poder de llevarte por AA, dejarte las horas que se le da la gana, pegarte poquito o mucho, total para la sociedad un golpe o tres golpes a un pibe pobre no significan nada. Así pasaba con Luciano. Varias veces se lo llevaron, lo dejaban libre después de algunas horas, iba yo a buscarlo.  Me recordaban, como la loca que armaba lío. Pero ya estaba podrida de que lo agarraran y lo verduguearan,  porque la verdugueada empezaba en la calle, poniéndolo contra la pared, y nadie opina nada, la gente ve que le están pegando a un chico y no hace nada: “algo habrá hecho el pibe” dicen. Y era “¡ponete contra la pared!” y le clavaban la Itaka en la espalda. Ese 31 de enero me fui directamente al Destacamento, pregunté si estaba detenido ahí, si sabían algo de él y por supuesto me dicen que no y la típica frase “ya va a volver, se habrá ido con una novia”. Lo fuimos a buscar a todas partes, comisarías y hospitales. Se juntaban muchas cosas, tristeza, incertidumbre, lo que una piensa y que tiene que ver con el sufrimiento del otro, la desesperación por querer liberarlo. Mi vieja había hecho la denuncia en el Destacamento de Lomas del Mirador, fue un error eso, pero ese error fue la llave, porque me dice que no le dieron copia. Cuando pedí  la copia, la leo y digo “esto no lo declaró mi vieja”, porque decía que mi hermano era un adicto a la marihuana, era falso pero servía para criminalizar a Luciano, para decir que el pibe se drogaba y que por eso estaba perdido por ahí. Mi vieja no había declarado eso. Ya habían pasado más de 72 horas, pedí los datos de la Fiscalía, no me los dieron inmediatamente, pero después de unos días fuimos a la Ficalía 7 de La Matanza, la fiscal era Roxana Castelli, nunca me atendió. A los 45 días apareció un testigo que declaró que un tercero vio a Luciano detenido en el Destacamento, era una persona de identidad reservada.

Entre tanto ustedes se estaban movilizando públicamente…

Yo intenté desde un primer momento que los medios de comunicación tomaran la causa. Lamentablemente lo primero que se dijo fue que había un chico perdido en Lomas del Mirador y que la causa estaría vinculada con drogas. Durante mucho tiempo nos constó instalar en los medios de qué se trataba realmente esta causa, creo que recién lo logramos a los dos años de la desaparición de mi hermano.

¿La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Matanza estuvo junto a ustedes desde un primer momento, no?

Sí, Pablo Pimentel en persona me llamó a mí desde un principio, y Juan Manuel Combi junto al Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) es nuestro abogado.

Lo de Luciano ocurrió en un momento de un gran recrudecimiento de los discursos de seguridad.

Sí, fue cuando en Lomas del Mirador se dieron dos casos emblemáticos, el del asesinato del florista de Susana Giménez, en febrero de 2009, y poco después el del entrenador de Guillermo Coppola. Se hizo una marcha muy grande y al frente estaba Gabriel Lombardo de la Asociación de Vecinos VALOMI, no era policía, se lo veía seguido con Francisco de Narváez,  pero en el Destacamento lo llamaban “Jefe”, y se encargaba de difundir a los medios las versiones contra Luciano. Creo que hay que investigar qué sociedad existe entre las comisarías, los foros de seguridad y los actores políticos. Nosotros nos acercamos a esa marcha contra la inseguridad y los vecinos nos trataron muy mal, nos echaron, nos gritaban “fuera villeros”. Ahí comprendimos  claramente que teníamos que hacer actividades donde se recordara mes a mes la desaparición de Luciano; y que nuestra postura era totalmente opuesta a lo que se gritaba y hacía en esa marcha.

Cuando se cumplieron seis años de la desaparición de Luciano fue enorme la marcha…

Eso es algo que construimos de a poco y desde abajo, con mucho esfuerzo fuimos armando y participando en actividades con otros familiares de chicos víctimas de hechos semejantes al de mi hermano. Y no nos quedamos sólo en la provincia de Buenos Aires, empezamos a viajar, a conectar con las realidades de otros lugares; a entender la lógica del poder judicial y el poder político no sólo en la causa de Luciano sino en otras. La de Sergio Avalos en Neuquén; la de Facundo Rivera Alegre en Córdoba; nos conectamos con la abogada y la madre del caso de Iván Torres y otros. El intercambio nos hizo entender lo que teníamos que hacer para demostrarle a la sociedad que realmente existe un entramado para lograr que una desaparición se mantenga como forzada. Fui a la Justicia, ya dejé mi marca allí, ya quedó claro. Fui a la intendencia, la respuesta de los funcionarios no fue buena, la Dirección de Derechos Humanos no estaba preparada para estos casos. Fuimos a la Gobernación, el gobernador Scioli nos atendió a los tres años. Antes nos derivó al que era ministro de Seguridad, Carlos Stornelli, uno de los organizadores de la marcha del 18 F, por Nisman. No hizo nada, se enfureció cuando yo responsabilicé a la Bonaerense, me dijo que “en la fuerza no existe ningún funcionario corrupto, y si uno solo comete un hecho de gravedad como el que estás denunciando, es desplazado”; y discutió con nuestro abogado.

¿Cómo se llega al 17 de octubre de 2014, cuando encuentran los restos de Luciano?

La causa se federalizó a los cuatro años, se cambió la carátula por desaparición forzada, pasó un año más sin avances. Decidimos hacer un acampe, tomar una parte de lo que era el Destacamento de Lomas del Mirador en forma pacífica. Como grupo siempre fuimos pocos, buenos, duros…  pero rodeados de mucha gente, la causa se había hecho masiva, la tomaban los grandes medios de comunicación. Estuvimos dos meses en ese lugar, pedíamos la expropiación definitiva del Destacamento y que interviniera el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF); contábamos con el acompañamiento del CELS; y el Destacamento terminó siendo expropiado. A través de los peritajes del EAAF no se obtienen datos contundentes sobre Luciano. Y deciden hacer una comparación de huellas dactilares de Luciano con originales y no con fotocopias, como se había hecho anteriormente, se investiga de qué causa surgieron esas huellas y se llega a la causa del accidente de tránsito que estaba en Capital, así se concluye que quien había fallecido en ese accidente de tránsito en General Paz, había sido enterrado como NN en Chacarita. Exhumaron esos restos, se hizo la comparación genética con el EAAF y dio positivo, se trata de Luciano Nahuel Arruga. Además hablamos con vecinos que nunca declararon por miedo, nos contaron que esa madrugada vieron que detuvieron a un joven parecido a Luciano y lo subieron a los golpes a un patrullero, alrededor de la 01.00 de la madrugada. Lo que nosotros hoy exigimos a la Justicia es que se llegue al fondo de lo que ocurrió, porque Luciano accedió a la Gral Paz por un lugar casi imposible, saltando el guardarrail y cruzando: él conocía el túnel para cruzar de provincia a Capital, no cruzó por iniciativa propia por ese lugar. Se pueden pensar muchas cosas, que lo estaban persiguiendo… Pero lo que queremos es que la Justicia deje claro cuáles son las pruebas que hay. Y las que tuvieron que ver con la desaparición del cuerpo, quizá nunca las obtengamos, después de seis años el cuerpo ya no habla. Cuando  empecé a denunciar me tenían que haber dicho “Flaquita, acá está tu hermano, lo atropelló un auto”. Pero la policía se dedicó a perseguirnos y a amenazar a la familia y a los más cercanos. Mientras tanto Luciano estuvo seis años enterrado como NN, desaparecido. Y funcionó como un caso ejemplificador para los demás pibes, es lo que te puede pasar cuando no cedés. Podía haber sido cualquiera, de hecho a los pibes que agarraban mucho después, los golpeaban y cuando los largaban les decían: “fijate lo que hacés, porque si no vas a terminar como Luciano Arruga”. Los mandaban con el mensaje, eso es la Bonaerense, y hoy sigue siendo igual. Detienen a un pibe, lo golpean, lo largan, el pibe cuenta el horror que pasó y los demás después saben a qué se enfrentan.

¿La agrupación de ustedes participa en casos similares al de Luciano?

Sí, como “Familiares y amigos de Luciano Arruga”  empezamos a tener acercamiento con otras causas a través de familias que denuncian casos de gatillo fácil y desapariciones forzadas. Somos independientes, no estamos dentro de ningún aparato político, ya que lo que estamos denunciando es al Estado como responsable de que se mantengan estas políticas represivas. Fueron muchos los familiares que se sintieron identificados, que nos vieron con fuerza para afrontar la situación ante los sectores judiciales, políticos, las mafias organizadas de la policía. Y nosotros tenemos como referentes a otros casos y familias, acompañamos y nos acompañaron los familiares de Sergio Avalos, estudiante de Comahue, una familia humilde, despareció a la salida de un boliche y  no se sabe nada desde hace diez años. El caso en Choele- Choel de Daniel Solano, trabajador golondrina, desaparecido hace tres años. El caso de Iván Torres, el de Kiki Lezcano, asesinado por la policía como Matías Bernal y Facundo Alegre Rivera en Córdoba. Y las chicas, Marita Verón, Otoño Uriarte, otra menor de Florencio Varela que pudo ser recuperada de la trata. Tenemos bien clara la problemática de la trata e intentamos acompañar en la difusión, y creemos que hay que relacionar todas las problemáticas porque tienen que ver con la misma lógica. Funcionamos en  lo que fue el Destacamento de Lomas del Mirador, logramos su expropiación y ahora es un espacio de memoria social y cultural. Es una forma de marcar aquello que nos han pedido que rescatemos: que se sepa qué significó en la vida de muchos jóvenes ese lugar que fue siniestro.

 

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