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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

30 de septiembre de 2015

La necesidad de saber más

Nadie me hablaba de mis padres

Información de imagen
Ilustración María Giuffra/ Familia. Óleo

http://www.mariagiuffra.com.ar/

Lo primero que me acuerdo es más o menos de la época del Mundial ‘78 de fútbol, yo vivía con mi tío y mis primos en Soldati, tenía 3 años, nací en 1975, en Capital. Cuando se llevaron a mis padres, Daniel Woitschach y Pablina Miglio, el 17 de septiembre de 1977, los secuestradores me dejaron en lo de una vecina y su marido, mi mamá trabajaba ahí como lavandera. Estuve seis meses con ellos, se llamaban Gaviria. Hasta que me encontró mi tío Alejandro, hermano de mi mamá; él fue de visita a mi casa porque no sabía nada de mis padres y se encontró con todo abandonado, los vecinos tenían miedo, no hablaban. Pero mi tío se enteró de que la pareja que me tenía había hecho la denuncia de que mis padres me habían dejado en la casa de ellos, no tenían hijos y no me querían entregar a mi tío, pero en  1978 mi tío logró, con abogados, llevarme con él y su familia; vivían en Soldati y yo tenía cinco primos más grandes.

La vida mía fue a los palos, como yo no era el hijo, aunque me criaron como hijo fui el más sufrido, con mis primos me llevaba bien, pero siempre estaba la diferencia de no ser hijo. Lo único que me decían era que mis padres habían desaparecido o se habían ido, pero no me hablaban de lo que era un desaparecido, yo creía que mis padres me habían abandonado. Con los años me fui dando cuenta solo de que eran desaparecidos porque se los habían llevado por la fuerza. Y más me convencí en los últimos años, con todo lo que pasó con los derechos humanos. Mi tío me mandaba al colegio pero dejé antes de terminar secundaria, a los 14 años ya estaba trabajando en una carnicería y verdulería, quería mi plata. Con ellos viví hasta los 18, ahí formé familia y me fui.

Ahora trabajo en la Secretaría de Derechos Humanos de Quilmes y sigo buscando, no paro, quiero reconstruir toda su historia. Quiero que me digan más, cómo era su vida, qué hacían, qué decían, si participaban en la lucha armada, qué sé yo, todas esas cosas… ¿Cómo eran conmigo, no? Yo no tengo recuerdos.

Yo buscaba por mi apellido, que es un apellido raro, y no aparecía nada. Hasta que un día encontré en una guía a un tío de parte de mi papá. Y bueno, él sabía cómo ubicar a mis hermanas. Yo sabía por mi tío Alejandro que tenía dos hermanas hijas de una pareja anterior de mi papá, pero ellas nunca me buscaron, ahora dicen que sí, pero no me enteré nunca.  Siempre pensaba y sacaba cuentas, mis hermanas me llevan como 20 años, podrían haberme buscado, eran grandes.

Y nunca nadie me hablaba de mis padres, ellos sólo decían “desaparecieron” o “se fueron”, y eso era todo; tampoco nunca me hablaron de cómo eran, qué hacían, nada.

A los 18 años me junté con una mujer y me fui para Avellaneda y ya nació mi primera nena; con esa pareja estuve diez años y tuve en total cinco hijos; y con mi pareja actual tengo uno más. Sí, la primera mujer se fue, un día llegué a casa y no estaba más, se había ido con los chicos. Pero bueno, yo los veo siempre a mis hijos, ahora con el dinero de la ley de Hijos pude comprarles una casita en Quilmes, antes alquilaban.

Con mis hermanas siempre me sentía enojado porque yo pensaba ¿cómo es que no me buscaron? Cuando nació mi nena más grande en 1994, las fui a buscar porque las ubiqué en un trabajo, pero después no las vi más tampoco, ni ellas me buscaron. Para mí que tienen miedo, hay gente que se pudo recuperar y otra que no. A ellas las secuestraron 20 días después que a mis padres y las tuvieron como un mes en un centro clandestino, eran jovencitas, la pasaron mal, las maltrataron mucho, abusaron de ellas, y quedaron aterradas. Cuando las largaron tampoco las quisieron en el barrio ni en la casa y estuvieron viviendo en la calle, en la estación de Martínez, y después trabajando en casas de familia, hasta que cada una se casó. Pero bueno, se ve que siguen con miedo, a veces me llaman por teléfono. No sé, y hay cosas que yo no tengo claras, por ejemplo qué pasó con la casa de mis padres. Mis hermanas hicieron una sucesión para vender esa casa, y no mencionaron mi existencia, no me incluyeron, y el abogado de ellas tampoco me incluyó en los trámites de la reparación por la desaparición de mis padres. En el momento que iban a cobrar me presenté con otro abogado, llegué a cobrar, pero el abogado de ellas me embargó y terminó cobrando gran parte de lo mío.

Cuando las Abuelas de Plaza de Mayo convocaron a quienes tuvieran sospechas de que podían ser hijos de desaparecidos para que dieran una muestra de su sangre, me hice la extracción en el hospital Fiorito, pero después no pasó nada. Cuando asumió el “Barba” Gutiérrez me llamó Lila Mannuwal, la subsecretaria de Derechos Humanos del municipio y así empecé a tener contacto con ellos y se inició la búsqueda de mis padres. Según me contó un tío, mi papá se vino del Paraguay durante la dictadura de Stroessner y nunca más volvió allá. Pero lo más importante que pude saber fue lo que me contó un sobreviviente de la ESMA al que lo secuestraron con mi papá, Alfredo Ayala, “Mantecol” le dicen; militaban juntos en la villa Uruguay de Beccar. Mi papá era uno de los mayores, ahora tendría 80 y pico, cuando se lo llevaron tenía 50 y mi mamá tenía 36 años. Supe que mi papá entrenaba a sus compañeros y que era severo con los que no cumplían con sus obligaciones. Y de mi mamá yo no sabía nada, ni siquiera que militaba y Lila Mannuwal y otra compañera, Rosita, me contaron que militaban con mi mamá. Pero yo quiero saber más cosas, cómo fue su recorrido, porque parece que primero estuvieron en el Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP y después se fueron a Montoneros. Pero quiero saber más, que me cuenten anécdotas, historias. También supe, por los juicios que se hicieron en España donde se juzgó a Scilingo, que mis viejos estuvieron en la ESMA, sí, los dos, Ayala los vio. Mis hermanas conocieron mucho a los compañeros de mi papá y ellas podrían mirar en los archivos y recordar a quiénes conocían. Ahora trabajo en la Secretaría de Derechos Humanos de Quilmes y sigo buscando, no paro, quiero reconstruir toda su historia. Quiero que me digan más, cómo era su vida, qué hacían, qué decían, si participaban en la lucha armada, qué sé yo, todas esas cosas… ¿Cómo eran conmigo, no? Yo no tengo recuerdos. Claro que pienso que con el nombre que me pusieron, Fidel Ernesto, muchas dudas no puedo tener… Para mí que mis viejos están descansando en el Río de la Plata.

*Hijo de Daniel Woistchach y Pablina Miglio, detenidos-desaparecidos el 17 de septiembre de 1977 en Quilmes. 

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