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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

06 de octubre de 2015

Los recuerdo de una hija

Lo que tengo es el legajo de mi papá

Información de imagen
Ilustración María Giuffra/Dos niños y rompecabezas. Acrílico.

http://www.mariagiuffra.com.ar/

Mi papá tenía 33 años y desapareció en la provincia de Buenos Aires, yo tenía 5, y soy la menor de cuatro hermanos. El trabajaba en los pozos petroleros en Yacimientos Petrolíferos Fiscales, YPF, en Cutral Co, Neuquén; se iba los lunes y volvía los fines de semana. Siempre militó en el SUPE (Sindicato Unido Petroleros del Estado), era delegado y por lo poco que sé parece que estuvo en Montoneros.

Seis meses después de nacer yo un día mi papá se fue a trabajar y mi mamá hizo abandono del hogar dejándonos solos en la casa. Mi hermano mayor tenía 6 años, se hizo cargo de nosotras y fue a buscar a mis tíos. Bueno, mi papá llamó urgente a mis abuelos que vivían en Quilmes y le dijeron que pidiera el traslado en YPF y nos viniéramos todos a Buenos Aires. Mi mamá no tenía nada que ver con la política, se fue atrás de otro pantalón, como se dice.

Al poco tiempo de estar en Buenos Aires, mi papá se tomó unos días y se fue a Neuquén para hablar con el obispo Jaime de Nevares, nosotros nos quedamos con los abuelos. Papá se encontró ahí con un matrimonio amigo al que después nos enteramos que lo desaparecieron en esa provincia. Él volvió un 13 de diciembre y lo que quería era parar la planta de alquimilación de Ensenada, donde trabajaba, allí se refinaba el petróleo. Pararla tardaba cuarenta y ocho horas, pero para ponerla de nuevo a funcionar se necesitaban treinta días; y él quería hacerlo para reclamar mejores condiciones de trabajo. El 14 de diciembre se presentó en YPF, a la salida se quedó con un compañero en la parada de tren que hay adentro de la destilería y ahí aparecieron dos autos. Los que estaban adentro lo llamaron por el apellido, él se dio vuelta, lo metieron a la fuerza en uno y se lo llevaron. Su compañero, sin dar su nombre, llamó a mi casa después de dos días y avisó que se lo habían llevado; por lo poco que pudo decir eran navales los que lo secuestraron.

Mi papá estuvo secuestrado en Astilleros Río Santiago. En 2011 se descubrió que ese había sido el primer centro clandestino de la Marina, y sabemos que terminó en un vuelo de la muerte. De eso nos enteramos muchos años después, por un tío que trabajaba en Inteligencia, él tenía mucho miedo, pero nos dijo eso. Era cuñado de mi papá, marido de una de mis tías que fue la que se ocupó de todo. Ella trabajaba en la sede central de YPF, toda mi familia trabajaba allí, y junto con mis abuelos fue la que se hizo cargo de nosotros.

Vivimos siempre en Quilmes, en el barrio El Dorado. Cuando llegamos a Buenos Aires yo tenía un año, pero de antes de cumplir los 6 no me acuerdo nada de nada, miro fotos que tenemos pero no recuerdo absolutamente  nada. Mi papá desapareció el 14 de diciembre y yo cumplí los 6 años el 1º de enero… Sí, me acuerdo de cuando empecé el colegio. Mi abuela nos tenía en tutela pero sin custodia legal porque no se otorgaba en esa época. Lo que pasó, que no sé si era bueno o no, fue que YPF nos seguía sosteniendo la obra social a los cuatro hermanos, íbamos a la colonia, teníamos todos los beneficios. Mi hermano tenía 11 años y mis hermanas 9 y 8, y tuvimos la obra social hasta que llegamos a la mayoría de edad. Me acuerdo que algo raro había: en mi casa no se hablaba nunca de lo de mi papá, jamás. Yo después, de grande, leí en Internet las declaraciones de mis tíos en los juicios del Circuito Camps, ya tenía más de 20 años.

 

Lo único que yo sabía era lo que me contaba mi hermano, éramos muy unidos, él me dijo lo de mi papá cuando yo tenía 13 años, después de que falleció mi abuela. No, no se hablaba en absoluto, no había fotos de mi viejo a la vista, las tenían guardadas. Mi abuela las tenía en una cajita con candado, creo que nos sobreprotegía demasiado. Lo que yo sabía era que mi papá se había ido a trabajar y no había vuelto. Mi abuela te decía “no, él fue a trabajar… y en algún momento va a volver”, y así fue siempre

Lo único que yo sabía era lo que me contaba mi hermano, éramos muy unidos, él me dijo lo de mi papá cuando yo tenía 13 años, después de que falleció mi abuela. No, no se hablaba en absoluto, no había fotos de mi viejo a la vista, las tenían guardadas. Mi abuela las tenía en una cajita con candado, creo que nos sobreprotegía demasiado. Lo que yo sabía era que mi papá se había ido a trabajar y no había vuelto. Mi abuela te decía “no, él fue a trabajar… y en algún momento va a volver”, y así fue siempre. Ella murió en 1982 de cáncer, el 3 de septiembre, la misma fecha del nacimiento de mi papá. Murió en casa porque se escapaba del policlínico y volvía en taxi.

Al morir mi abuela mi hermano hizo un retroceso muy grande, estuvo dos meses como si fuera un chico de 6 años, después se recuperó. Cuando él me habló un poco de mi papá yo estaba a punto de cumplir los 13, habíamos quedado con mi tío, un hermano de mi papá que era soltero y que se hizo cargo de los cuatro. Pero antes de que yo cumpliera los 14 nos separamos: había venido a buscarnos mi vieja, de golpe. En todos esos años no había tenido nunca contacto con nosotros, mis dos hermanas se fueron con ella, y mi hermano y yo no, no la queríamos y no la quisimos nunca. Nos quedamos con mi tío y a él le dieron la custodia legal.

Después de la muerte de la abuela nuestra vida cambió, mi hermano cayó en sus locuras, en sus depresiones. Yo no quería estudiar, me había agarrado la rebeldía; pero andábamos siempre de un lado para otro, juntos, éramos de charlar mucho. Mis hermanas a veces venían o nos veíamos.

Mi hermana Mirta hizo lo mismo que la madre, dejó al hijo, lo cría su abuela. Después ella se fue y tuvo tres hijos más. Antes nos veíamos seguido y charlábamos, pero nos juntamos más cuando se enfermó mi hermano de HIV. Después de cinco años de concubinato él tuvo la mala suerte de casarse con una piba que a mí no me caía muy bien, al tiempo ella lo contagió de HIV, y poco después lo dejó. Yo lo odiaba tanto… a él no a ella, me había agarrado una bronca, no podía creer que fuera tan tarado, era una cosa de amor y odio, estábamos muy unidos nosotros. Y bueno, él la peleó mucho con su enfermedad.

En esa época empezaron los trámites para cobrar la reparación por lo de mi viejo, lo había iniciado mi hermano, pero él se enfermó y dejó todo, y mi vieja empezó a hacerlo por su lado y nos citó el abogado. Mi hermano y yo no queríamos que ella cobrara y nos negábamos a firmar cualquier papel, pero mis hermanas como había plata de por medio, terminaron firmando todo.

Para ese entonces mi hermano se había mudado a Villa Gesell, rehizo su vida, tenía una pareja, mi cuñada era una chica excelente, ella no tenía HIV. Pero un verano tuvieron que traerlo de urgencia a Buenos Aires, a mi casa, estaba flaco, no quería tomar la medicación. Lo internaron en el hospital de Quilmes, a los quince días cayó en coma y falleció; tuve la suerte de verlo antes de que muriera, a los 36 años.

Y yo… yo la peleaba. Me quedé en mi casa hasta los 18, después las cosas ya no daban para quedarse más, no me llevaba bien. Me mudé a Capital, conseguí trabajo, estuve viviendo en el barrio de Belgrano, éramos cuatro chicas en un departamento. Y vino la mala vida, la joda muy seguido, era todo muy fácil, me iba bien en el laburo, ganaba bien, me mantenía, pero siempre me faltaba algo. Así que largué el trabajo, me vine otra vez a Quilmes, me quedé un tiempo en la casa de mis tíos, después me mudé a la casa de mi prima e hice un tratamiento para dejar las drogas, ya hace muchos años que estoy sin consumir. Y comencé todo de nuevo, conseguí trabajo, al tiempo esa empresa cerró y fui a trabajar en el buffet del club Quilmes, lo había fundado mi abuelo, el Estrella del Dorado, nosotros siempre estuvimos ligados, era sí o sí, si no eras socia el abuelo te desheredaba. Mi abuelo murió antes de que se llevaran a mi papá.

Yo terminé el secundario de noche y seguí informática, pero no me daban los tiempos entre el trabajo y estudiar, así que lo dejé porque en Quilmes no hay dónde cursar, tenía que ir a Capital y se me hacía muy difícil; después perdí el trabajo. Antes de eso la había conocido a María Laura Rolón y empecé a interiorizarme más en el tema de los Derechos Humanos, en todo lo que se estaba haciendo. Pero cuando la conocí a Lila Mannuwal, la subsecretaria de Derechos Humanos del municipio, empecé a saber más sobre mi papá. Son esas cosas que la vida te pone en el camino, ella me guió y me dijo que llamara a YPF y preguntara si por ser hija de mi papá no tenía derecho a tener trabajo allí, y cuando me comuniqué me dijeron que el legajo de mi papá lo habían recuperado hacía una semana. En esos días también le habían hecho un homenaje en el Mosconi a mi papá, yo estaba como superada, les decía a las chicas que quería un respiro, estaba conmocionada. En YPF están reconstruyendo la memoria y me mostraron una revista que se llama Construyendo Memoria, y el primero de esa lista es mi papá, habían hecho un decreto para que los estatales no figuraran más como que habían abandonado sus puestos de trabajo, sino como detenidos-desaparecidos. Y a los pocos días me entregaron el legajo completo de mi papá, que es un libraco enorme de toda la historia de trabajo de él. Ahí está registrado que le dieron la baja el 16 de diciembre, y el 14 lo secuestraron, sólo dos días esperaron después de la desaparición para darle la baja. Eso es lo que valía para ellos un trabajador.

*Hija de Oscar Rubén Abarzúa, detenido- desaparecido el 14 de diciembre de 1976.

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