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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

29 de noviembre de 2015

Cuando la memoria es un campo de batalla

Por algo fue, por algo será

"¿Olvidar no es perpetuar hasta la eternidad lo que ellos llaman el maniqueísmo que alimenta el encono entre argentinos? No hay olvidos por decreto. No se trata de venganza. Se trata, meramente de justicia. Mientras no la haya, el estado de terror estará latente y puede repetirse con su maniqueísmo implícito", dice el artista plástico en este texto, que condensa la idea de que un pueblo sin memoria es un pueblo autista, al servicio de intereses ajenos. 

Información de imagen
La muestra "Olfato, en tiempo y lugar" se expuso en el Conti entre el 25 de abril y el 21 de junio de 2015.

Foto: Eva Chevallier

Justamente, por algo será. Por algo fue.

Sin memoria no hay historia. Pero también sin historia no hay memoria. Sin memoria, o sea, el ejercicio del recuerdo, no es posible registrar lo pasado y por lo tanto no es posible recordar lo sucedido. Y un pueblo se construye en base a su historia. Un pueblo sin memoria es un pueblo autista. Y en consecuencia, al servicio de intereses ajenos. Es por esto que la memoria es un campo de batalla.

Superar lo ocurrido es posible. Este es, por ejemplo, el objeto del psicoanálisis. Enfrentarse con el pasado para hacerle justamente pasado. De lo contrario, es un presente inmóvil. Pero hacer del pasado un pasado no es olvidar, no es olvidando que se logra, sino recordando. Cuando el recuerdo se convierte en conciencia se puede decir que lo pasado es pasado. Antes no.

Es una indigestión.

Digerir lo ocurrido no es olvidar. Es pasarlo a otro capítulo.

Olvidar el pasado para encarar el futuro es un absurdo, y sin embargo a ello nos convocan los pretendidos biempensantes. La “buena voluntad” está animada de otra voluntad, la del ocultamiento. Por lo tanto no es buena voluntad.

“Por algo será”, famosa frase que se les vuelve en contra.

Los sublevados por algo se sublevan. Por algo fue. No hubo subversivos porque ya todo estaba subvertido.

¿Acaso no es cierto que las dictaduras sucesivas desde 1955, siempre se anunciaban en el nombre de la democracia? ¿Acaso no es cierto que los defensores del orden se iniciaban con bombardeos a su propio pueblo, y bombardeos colegas de armas?

En los años 70 ya todo era demasiado tarde.

Por algo fue.

Pudieron apelar a la justicia, pero ni siquiera lo intentaron. Porque hubiese sido como utilizar un bumerán. Solo sabían del terror.

Por algo fue.

Los que hablan de olvido, por algo quieren encubrir. Los que quieren recordar, en cambio, quieren superar el dolor. Quieren justicia. Eso que no existió.

Es cierto, querían, salvar al Estado. Al estado de terror. Por eso el orden, en este caso, era el exterminio. Y extirpar de sus raíces familiares a las criaturas nacidas del amor de aquellos que según ellos merecían el exterminio por luchar contra ese terror.

Por supuesto, que por algo será, para que no se repita, para superar justamente lo pasado. El recuerdo es el primer capítulo del olvido. Para olvidar se necesita tener buena memoria, decía Martín Fierro. Si a un niño su madre lo abandona, por ejemplo, solo de ello se olvidará cuando ya no necesite de su madre. Pero ello no ocurrirá con el solo crecimiento. O sea, haciéndose un hombre grande, sino cuando tenga conciencia de que ese dolor lo ayuda a crecer. O sea, a madurar. Será simplemente un hombre consciente que sabe de su pasado, pero esto ya lo tiene digerido, y que vive otra etapa de su propia historia.

Recordar es responder una pregunta, si uno no sabe exactamente de qué se trata ese recuerdo.

Por ello, es un deber recordar lo ocurrido en la Esma y en todo el país en los años del Proceso. No hay pasado, hay presente en la lucha contra el olvido, de un pasado lleno de ignominia. Y ello solo puede molestar a los que quieren encubrirlo.

Asesinaban y no podía hacerse cargo de ello. Y ocultaban y robaban niños.

Es cierto, querían, salvar al Estado. Al estado de terror. Por eso el orden, en este caso, era el exterminio. Y extirpar de sus raíces familiares a las criaturas nacidas del amor de aquellos que según ellos merecían el exterminio por luchar contra ese terror. Porque ante todo, primero fue el Terrorismo de Estado. Y por eso no es viable la teoría de los dos demonios.

Para superar la memoria del horror de este terror, de este Terrorismo de Estado, ¿basta, como dicen los obispos, dejar de revisar el pasado? Olvidar, en este caso, ¿no es perpetuar hasta la eternidad lo que ellos llaman el maniqueísmo que alimenta el encono entre argentinos?. No hay olvidos por decreto. No se trata de venganza. Se trata, meramente de justicia. Mientras no la haya, el estado de terror estará latente y puede repetirse con su maniqueísmo implícito.

La historia de buenos y malos la inventaron ellos.

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