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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

03 de noviembre de 2015

El grito más antiguo

La memoria de la música

"En su remoto origen la música proviene de estigmas o maldiciones sofocadas, de gritos muy antiguos que nos reclaman y nos invitan a imaginar ahora nombres nuevos para salir de las formas de la miseria que nos tienen prisioneros". Un texto poético de la gran artista que invita a pensar otras formas de recordar y a hacer aquella pregunta que nunca se hizo, la esencial, la no sabida todavía.

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Ilustración: Payada en una pulpería, Carlos Morel.

En general nuestras vidas están garabateadas por trazos y actividades rutinarias. El deseo de producir algo novedoso, que siempre nos habita, está también amenazado por escollos sin nombre.

¿Cómo nombrarlos? Quizá una parte de lo nuevo es poder darle nombres renovados a los obstáculos antiguos. Por eso pienso que este empeño en la búsqueda de otro horizonte vital, artístico y político es un diálogo con el pasado. Con lo que ya fuimos. En lo que ya fuimos está nuestro tesoro y nuestro atolladero.

Las experiencias conocidas con anterioridad deberían interrogarse con preguntas que aún no conocemos. A diario hacemos miles de preguntas. Pero hay una para hacer, la esencial, no sabida por nosotros todavía. Un sentido nuevo en las cosas, en la música y en el país es un pensamiento sobre nosotros mismos. Sobre nuestras biografías. Sobre el arte que practicamos o admiramos y sobre la política. Pero agregando aquella pregunta que deberá venir.

Nuestras biografías están construidas sobre palabras y nombres ya dichos. Pienso que siempre es necesario volver a ellos. Pero encontrando las formas nuevas de nombrar las cosas. Así pienso el canto. Tal vez ahí sería posible descubrir el grado de complicidad de las palabras con las cárceles del pensamiento. Bastaría que se intuya aquella pregunta insospechada para que la rutina libere el fulgor que encerraba. Si tuviésemos esa sabiduría sobre la naturaleza de los impedimentos, quizá la política dejaría de combatir en sus pretensiones de hoy las mismas que cosas que provocará mañana. Y la música también podrá forjar su propia versión de los sufrimientos que nos aprisionan.

En su remoto origen la música proviene de estigmas o maldiciones sofocadas, de gritos muy antiguos que nos reclaman y nos invitan a imaginar ahora nombres nuevos para salir de las formas de la miseria que nos tienen prisioneros.

La música propone en primer lugar una geografía y se cobija en la memoria. Pero en la memoria dolorosa, que ninguna voz está preparada de antemano para recuperar. Una voz se debate con los infinitos planos de la memoria, que fatalmente contiene uno que nunca será recuperable. Me he preguntado si es posible una empresa que intente pescar –como pescador mítico y con anzuelo cierto- todas las cartas sumergidas del pasado. Entonces tal vez el arte descanse desde siempre en lo irrecuperable.

Cantar y recordar, cantar y olvidar, y en ese vaivén entre recordar y olvidar, inventar el propio horizonte estético. Así es la memoria. Todo simultáneamente y repentinamente. Por eso pienso que lo que hemos sido nos está esperando. Cuando un músico encuentra cómo traducir estos anhelos en la música somos por un instante felices.

La amistad se presenta siempre bajo formas extrañas y diversas. La amistad es la perfección de lo que hemos sido. Lo que hemos sido allá lejos y hace tiempo es es al mismo tiempo lo que nos está esperando. Hemos vivido intensamente esa promesa de comunidad emancipada y todos sabemos que ese anhelo nos está esperando porque en ese deseo se renueva todo lo que hemos sido sido. Cuando suena un acorde todo lo que fuimos y todo lo que esperamos está en sonoridad. Jamás he dejado de tener ese sentimiento, cuando canto, cuando escucho grabaciones de músicos que me importan o simplemente cuando tomo un vino y converso con alguien sobre cualquier tema. Hay que buscar un sonido. Y ahí está todo el peso de la historia, está el conocimiento profundo, la memoria intensa de la música popular argentina. La memoria hecha sonido, acordes, diseños melódicos, ritmos, textos y nombres. Regiones también, de este país y de Latinoamérica. Cantar y recordar, cantar y olvidar, y en ese vaivén entre recordar y olvidar, inventar el propio horizonte estético. Así es la memoria. Todo simultáneamente y repentinamente. Por eso pienso que lo que hemos sido nos está esperando. Cuando un músico encuentra cómo traducir estos anhelos en la música somos por un instante felices.

Pienso en cómo persistir en la búsqueda de algo nuevo en las cosas, en la música, en la política, en los textos, en la vida de este país. Sin dudas es un sentimiento angustiante y difuso. Se estrella constantemente en renovados impedimentos pero al mismo tiempo es inspirador y estimulante. Tenemos que darle nombre a ese impedimento. ¿Qué es? ¿Es la ambición de la vida renovada pero dañada por nuestras propias certezas más gastadas?

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